Un acto de imaginación

Mi incansable y buen amigo Luis ha tenido el detalle de regalarme este verano dos libros de Edoardo Nesi “La historia de mi gente” y “Una vida sin ayer“. El primero me ha gustado mucho, el segundo se ha quedado a vivir conmigo. Hay libros que son generosos como los Mares del Sur, siempre puedes bucear en ellos de nuevo para encontrar perlas de un valor incalculable.

edoardo nesiNesi nos deja reflexiones muy directas sobre la situación económica y social en Europa, con un especial acento en Italia y el resto de los países del sur y en su propia ciudad, Prato, en la Toscana. Una ciudad cuya antes pujante industria textil se ha visto arrasada por la nueva competencia global. Nesi sabe de lo que habla, porque pertenece a una de las familias que eran propietarias de una de estas industrias.

Su mirada es un tanto oscura y pesimista cuando mira el pasado reciente y el presente, y solo se ilumina para mirar un futuro en el que espera que los jóvenes, empujados por la necesidad, sean capaces de reaccionar y cambiar las reglas de este juego que les condena a un futuro en el que las personas cada vez importamos menos:

Esa historia de los PIGS a mí también me sentó fatal, y asimismo me ofendió. Más que uno de esos cínicos e ingeniosos juegos de palabras anglosajones, parecía una sentencia ya escrita, compartida de antemano, con que se condenaba a la Europa del sur a convertirse en la periferia extrema del imperio, una región de pasado ilustre y presente residual, olvidada y empobrecida, incapaz de velar por sus propios intereses y mucho menos defenderlos, poco más que una gran colonia turística, un “buen retiro”.

Austeridad fiscal que Europa se obstina en imponer a un país arrodillado, cuya economía real ya fue dada como pasto hace años al kraken (pulpo gigantesco) de la globalización. Imposible explicar con cifras el abatimiento del presente, el estancamiento de las iniciativas, el desconcierto por el futuro la languidez envenenada y ponzoñosa del recuerdo de un pasado perdido, la depresión silenciosa que parece haberse adueñado del país.

Ni en Italia ni en toda Europa del sur necesitamos empresas más grandes, sino empresas nuevas.

Necesitamos nuevas ideas, nuevas empresas que hagan uso de la globalización en vez de sufrirla, que recuerden la cruda lección del declive de las manufacturas y sean capaces de superarla y sublimarla. Empresas que produzcan sola y exclusivamente, conforme a un programa, productos imposibles de fabricar a un precio ridículamente más bajo en China, la India o Vietnam. Empresas muy diversas entre sí. Empresas artesanales pero radicalmente nuevas, que sepan unir el artesanado de las manos al artesanado del pensamiento para crear algo nuevo por entero; un artesanado de las ideas materializadas que sitúe en su centro a la Red y su monstruoso poder y velocidad.

Sueño con que la ciencia y la tecnología vuelvan a ser el carburante de un desarrollo libre, necesario y tumultuoso de la economía, pero guiado por una visión, por una idea elevada y valiente de la política, porque ya hemos visto dónde acabamos cuando dejamos actuar libremente al mercado. Una política en manos de persona capaces que logre recuperar el control de la economía mundial, eso querría yo. Una política libre, que conozca su poder y sus límites. Una política valiente, que sepa convencer y, si es necesario, obligar al mercado, sí, habéis leído bien, obligar, con leyes a adentrarse por el camino, más justo, útil y saludable para la colectividad.

Se podría decir que Edoardo me ha escrito el post esta semana ¿verdad? Fijaos hasta qué punto, que incluye en uno de sus capítulos una referencia cinéfila preciosa al alegato final que hace Paul Newman en la película “Veredicto Final” (Lumet, 1982). Una película sobre el renacimiento personal y colectivo, sobre la importancia de mantener la fe en la fuerza que tiene una persona que ha decidido hacer las cosas bien, cueste lo que cueste.

“Bueno… Hemos pasado aquí mucho tiempo, así que, por favor Señor, dinos lo que es lo correcto, dinos lo que es verdad. Que no hay Justicia. Los ricos ganan, los pobres están indefensos… Nos cansamos de oir mentir a la gente, y tras un cierto tiempo morimos. Pensamos en nosotros mismos como víctimas. Y en eso nos convertimos. Nos hacemos débiles…dudamos de nosotros, de nuestras creencias, de nuestras instituciones, y dudamos de la ley.

Pero hoy ustedes son la ley. Ustedes son la ley. No unos libros, ni los abogados, ni la estatua de mármol que adorna el tribunal… Esos son solo símbolos de nuestro deseo de ser justos. Pero sí son, en efecto, una plegaria, una ferviente y temblorosa plegaria. En mi religión se dice: “Actúa como si tuvieras fe, y la fe te será dada”. Sí… si vamos a tener fe en la Justicia, tan solo necesitamos creer en nosotros mismos y actuar con Justicia. Y yo creo que hay Justicia en nuestros corazones.”

Sí, para que Europa renazca, creo mucho más en la fuerza que habita en nuestros corazones que en las medidas de política monetaria que acaba de aprobar Draghi. Uno de los capítulos de su libro acaba con una preciosa anécdota con Richard Ford, cuando Nesi le preguntó qué pensaba de la férrea presión que las leyes del mercado estaban ejerciendo sobre los pequeños industriales de su entorno, y el autor americano le contesta: “Mira, Edoardo, estoy seguro de que al final, de algún modo, la economía sucumbirá a un acto de la imaginación.

Ya sabes el camino: imaginar un futuro diferente, trabajar con fe en que podremos construir un mundo en el que la economía esté al servicio de las personas. Vamos, que se nos va a hacer de noche y no podemos dejar todo el trabajo a los jóvenes.

De finanzas, casinos y periodistas

De vez en cuando escribo aquí sobre la importancia de un sistema financiero orientado a la creación de valor en la economía real a largo plazo, y no a la especulación basada en sacar partido de las imperfecciones del sistema financiero y legal, para obtener altos retornos a corto plazo y sin riesgo.

Ya recordaréis por ejemplo el post que le dediqué hace dos años por estas fechas a “The Kay Review of UK Equity Markets and Long-Term Decision Making”, que señalaba como uno de los problemas estructurales para la vuelta de la industria a UK una cultura dominante de obtención de altos retornos a corto plazo que se había instalado en el sistema financiero y se había propagado a las grandes corporaciones. En esas condiciones no florece la industria…

Este 2 de agosto publiqué otro post “No hemos aprendido nada“, con el mismo mensaje. La complejidad de los sistemas financieros internacionales que ha traído la globalización, junto con la debilidad en los mecanismos de gobernanza y control, genera huecos en los que los especuladores hacen su agosto. Todo ello de forma legal (que no siempre equivale a “de forma justa”, por desgracia).

Un periodista decidió, sin tomarse la molestia de charlar conmigo, convertir mi post en una noticia que mandó a la agencia EFE, y que después varios medios publicaron con diversos titulares. Ninguno de ellos decidió que merecía la pena contactar conmigo (al menos hasta la fecha en la que publico este post). Por supuesto, ninguna de las ediciones digitales se tomó la molestia de incluir un link a mi post, por si alguien quería leer el original.

y así… Con errores de bulto en su contenido, como que el post se había publicado “en el blog de la Universidad”, y con extractos entrecomillados del post que se dejaban el mensaje fundamental (que las inversiones que necesitamos, son en conocimiento y en cultura).

Tenía otra idea de en qué consistía el periodismo, aunque quizá deba revisarla… No me arrepiento de lo que escribí en el post, aunque creo que el contexto correcto para interpretarlo es precisamente este blog. Ni me gusta el sensacionalismo, ni tampoco meter a sectores enteros en el mismo saco: las finanzas internacionales son necesarias para el funcionamiento de la economía, y en gran medida funcionan de acuerdo a una lógica de mercado que ha demostrado su capacidad para crear valor. Igual que creo firmememente en que debemos mejorar su gobernanza, y elevar el listón ético, en este sector y en otros muchos.

En fin, lección aprendida… Me ha consolado leer esta semana el post de Mariana Mazzucatto en su blog “The Eurozone needs less voodoo economics: more vision and more strategy“. Básicamente critica las políticas de austeridad, e insiste en la necesidad de invertir en conocimiento y tecnología, especialmente en los países del Sur de Europa, que andamos claramente flojos en estos temas. Se refiere en su post a una publicación reciente suya conjunta con Carlota Perez de la London School of Economics “Innovation as Growth Policy: The challenge for Europe“, que te recomiendo leer, y en la que se incluyen mensajes como este “Without technological opportunities, easy money leads to casino finance”…

casino financeOs rogaría, por favor, que no hiciésemos de este post titulares del estilo “Economistas europeos se citan en el casino para una sesión de vudú tecnológico y financiero”, “Decano se monta un trío en el casino con dos prestigiosas economistas” o cosas del estilo. Si os interesa este tema, os recomendaría que leais el texto entero, que me parece brillante, y que aporta datos y rigor en defensa de una apuesta firme por las infraestructuras de conocimiento que permitan renacer a la industria en Europa.

Necesitamos mucho de instituciones públicas y financieras que apuesten por este modelo, por la creación de valor en la economía real…Y también de periodistas que hagan bien su trabajo, y trasladen a la sociedad este mensaje de forma consistente.

Por cierto, el texto formará parte también de un conjunto de artículos que publicará en breve Oxford University Press, coordinado por Fagerberg, Laestadius and Martin (eds.), “The Triple Challenge: Europe in a New Age”, que seguro que también te interesa leer. Ya te avisaré cuando esté disponible.

Volver a empezar (pero no como Dorian Gray)

He estado viendo estos días más largos de agosto la serie “Penny Dreadful” (thanks, sis), que se emitió esta primavera en Estados Unidos y supongo que no tardará mucho en llegar por aquí. La serie mezcla ingredientes y personajes de varias novelas góticas, Drácula (Bram Stoker, 1897), Frankenstein (Mary Shelley, 1818), “El Retrato de Dorian Gray” (Oscar Wilde, 1890)… para contar una historia del bien contra el mal, y también de los monstruos que todos llevamos por dentro. Muy divertida, aunque no para todos los gustos.

No os cuento más del argumento, ya la veréis si os gustan las historias fantásticas con personajes un tanto atormentados. Os lo contaba para quedarme un momento con Dorian Gray. Ya conocéis la historia de este joven cuyo cuerpo no envejecía ni sufría las consecuencias de sus excesos: todos sus males iban a parar a un retrato, mientras él mantenía su aspecto y su juventud intactos.

En un momento de la serie, Dorian le pide a la protagonista que le lea el futuro en las cartas del Tarot, pero ella le explica que no puede hacerlo, por el sencillo motivo de que hay personas, como él, que no tienen futuro. La conversación me llamó la atención, porque lo evidente sería pensar lo contrario, que Dorian Gray lo que no tiene es pasado, ya que queda depositado en su retrato, pero no en su persona.

9812626Pero luego, pensando en ello, lo cierto es que me parece que la intuición de la vidente es muy cierta. Porque nuestro futuro no se construye sobre el aire, sino sobre quiénes somos. No sobre lo que tenemos, que las medallas se guardan en cajas y los cargos van y vienen; las cicatrices, sin embargo, las llevamos siempre puestas. Como decía otro de Ataún en la cita que abre el postPorque fuimos, somos. Porque somos, seremos” (los Dorronsoro compartimos raíces ataundarras con los Barandiaran).

Te cuento toda esta historia porque toca volver a empezar otro ciclo de las estaciones: otoño, invierno, primavera, y verano (siempre he contado los años por cursos, incluso cuando no estaba en la universidad). Pero no me siento nuevo en esta ocasión, y lo cierto es que tampoco espero novedades que me sorprendan. Toca volver a empezar, pero no será volver a empezar de nuevo, como Dorian Gray. Este año, tengo más bien la sensación de empezar de viejo, con la ilusión tamizada por la experiencia.

He repasado las cicatrices y también heridas recientes, tardarán en cerrar. Y después de pensar un rato en ello, he llegado a la conclusión de que todas han merecido la pena y que quizá empezar de viejo sea mucho mejor y más sabio que empezar de nuevo. Por eso, en vez de con el “Begin de Beguine” de Cole Porter, te voy a dejar con esta canción de Ismael Serrano “Ahora”, que después de repasar sus heridas acaba con esas líneas tan bonitas.

Ahora es el momento de volver a empezar, que empiece el carnaval,
la orgía en el Palacio de Invierno, de banderas y besos.
Se cayeron mis alas y yo no me rendí,
así que ven aquí,
brindemos que hoy es siempre todavía,
que nunca me gustaron las despedidas.

Vamos, que toca volver a empezar. Y si no es de nuevo no te preocupes: nadie somos Dorian Gray, por fortuna: nuestro futuro nos espera escondido en nuestras cicatrices.

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Bonus Track 1.

A los países les pasa como a las personas, y necesitan también volver a empezar.

Este mes de agosto The Policy Network ha publicado un libro precioso, que te recomiendo leer “Owning the Future. How Britain can Make it in a Fast Changing World”. No te lo pierdas, la descarga es gratuita y recoge artículos de personas tan interesantes como Mariana Mazzucato que hablan de apuestas de largo plazo, de la importancia de la educación (también de la educación profesional), de las nuevas infraestructuras del conocimiento que son la llave del futuro, de la importancia crucial de una política industrial…

Si algunos de por aquí supiesen inglés, les mandaba rápido una copia.
de “Penny Dreadful”, quería decir, que parece que algunos, como Dorian Gray, esperan que el futuro nos lo construyan leyendo las cartas del Tarot… : )

No hemos aprendido nada

Imagina que eres multimillonario. Entonces un abogado de estas firmas que tienen oficinas en la calle más cara de la City londinense o de Manhattan, te ofrece un gran negocio: comprar una emisión de deuda de Argentina, con una rentabilidad muy alta (lógicamente, porque el riesgo de que Argentina no sea capaz de pagar la deuda es bastante alto; la rentabilidad va con el riesgo).

Pero el abogado te explica que hay un seguro que puede cubrir ese riesgo, así que en ningún caso puedes perder: si Argentina paga, obtienes una gran rentabilidad, si Argentina no paga, recibes el seguro. La firma de abogados te cobra un buen precio por esta magnífica operación, pero merece la pena pagarlo, porque en estos chollos el diablo se esconde en la letra pequeña.

Efectivamente, Argentina no puede pagar, y entonces ofrece a sus acreedores un canje: no recuperarán todo su dinero, pero al menos recuperarán una parte. La inmensa mayoría acepta el canje, salvo unos pocos que rechazan el trato ¿Quién puede estar tan loco como para no querer recuperar al menos un porcentaje del dinero invertido…?

Ya sabéis la respuesta: los que tienen un seguro, y un amigo juez. Porque solo lo pueden cobrar si Argentina se declara en suspensión de pagos (un canje no es una suspensión de pagos). Ahí es donde entran en juego los flamantes abogados de la City y justifican sus salarios astronómicos, porque consiguen que un juez del distrito de Manhattan, el muy honorable Thomas Griesa, dicte una sentencia que impide liquidar la operación de canje argentina, hasta que pague el 100% a los que no han aceptado el canje.

Aquí le tenéis a este joven, que ha decidido que no es justo que los que invierten en fondos de alto riesgo puedan perder su dinero: pobrecillos, hasta ahí podíamos llegar.

Thomas GriesaLo malo es que si paga el 100% a esta minoría, el resto de los acreedores pueden reclamar también su 100%, una cantidad que Argentina no puede devolver… El resto de la historia se perderá en estas semanas de calor, con abogados de una y otra parte cobrando cuantiosas minutas. El final ya lo sabemos: la economía argentina sufrirá un serio revés y los fondos buitre se llevarán su premio, sí o sí. Rentabilidad, sin riesgos.

Sin riesgos, y también sin que en toda esta historia nadie haya generado ni un dólar de economía real. Pura especulación, contratos financieros y de cobertura de riesgos que juegan con la estadística y el conocimiento de los entresijos del sistema financiero y jurídico internacional.

Pero podemos estar tranquilos, esto no va a ser como Lehman Brothers. Ya se ha apresurado la presidenta del FMI, Christine Lagarde, a explicar a la prensa económica que los efectos de esta suspensión de pagos solo va a afectar a los argentinos, y no se va a propagar a los mercados internacionales como pasó hace seis años.

Porque en este casino que son las finanzas internacionales, la banca nunca pierde, y tampoco los jugadores profesionales. Los que perdemos somos los ciudadanos de a pie (en este caso, los argentinos), que van a ver su país hundido en un nuevo período de recesión. ¿Os suena esta historia, la de un país que sin saber muy bien por qué se convierte en la comidilla de la comunidad financiera internacional? Tranquilos, que pronto se apresurarán a mandar emisarios del FMI y de la OCDE, a que les expliquen las medidas que tienen que aplicar para salir de esta complicada situación ¿Os suenan esas medidas? Menos mal, esta vez le toca a Argentina…

No hemos aprendido nada, de nada han servido las lecciones de esta crisis. Los mercados financieros internacionales siguen siendo un nido de especuladores, y un gigantesco casino que juega a los dados con el destino de millones de personas.

Mientras tanto, la economía real se está concentrando en un número reducido de países que han entendido que lo de jugar al casino es para los buitres, y están invirtiendo en conocimiento y en cultura. Claro que estas inversiones tienen poca rentabilidad a corto plazo (quizá porque son las más seguras de todas).

Renacer (II)

Había calculado bien las semanas que me quedaban hasta agosto, para acabar la serie “Navegando el Devenir Profesional“, pero no había calculado bien mis fuerzas. Llego siempre a fin de curso con el depósito en reserva, y este mes de Julio he estado muy poco formal con los posts que suelo escribir cada fin de semana. He andado también recuperando y cargando en este blog los 151 posts que escribí en “Thought in Euskadi”, que el mes pasado quedó fuera de circulación.

En fin, que despido hoy el curso, y ya habrá tiempo el que viene de escribir los cuatro posts de la serie, y otros muchos hablando de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación y su contribución a la prosperidad y al empleo.

El año pasado me despedí con “La soledad del corredor del fondo“, y tenía previsto acabar este con un post dedicado a “La soledad de los números primos”. Pero, bien pensado, es mejor acabar el curso con pensamientos positivos, que si no me voy a volver un poco como el Caballero Oscuro y su cruzada contra el mal (por cierto, el comic esta semana cumplía 75 añitos). batman-detective-comics-27-thumb

Precisamente hace dos años me despedía con un post que se titulaba “Renacer“, y con la preciosa película que cierra la trilogía de “El Caballero Oscuro” de Cristopher Nolan. Ya os conté que la última escena despide a Batman renaciendo en el Caffè La Loggia, en la Piazzale Michelangelo en Florencia (excelente elección).

Así que voy a ver si también renazco, me pierdo un poco en las montañas, en los atardeceres y en lecturas estivales, y el curso que viene vuelvo con fuerzas renovadas. Mil gracias por vuestra compañía, nos vemos a la vuelta.

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Bonus Track

Llevaba tiempo sin contaros noticias del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación. Como sé que tenéis un poco de “mono” os dejo algunas dosis para que aguantéis hasta septiembre : )

The Global Innovation Index 2014 (gracias Asier!), que elaboran cada año INSEAD, WIPO y Cornell University. Establece un ranking de 143 países en 81 indicadores. España pierde un puesto (del 26 al 27).

La interesantísima conferencia que ha organizado Mariana Mazzucato esta semana con el apoyo de Financial Times “Mission-Oriented Finance for Innovation. Rethinking Public & Private Risks and Rewards“. Ideas claras sobre lo que el sector privado y el público deben hacer para devolver la prosperidad a la sociedad.

El todavía más interesante discurso de Vince Cable, Secretario de Estado en UK de Business, Innovation & Skills en el cierre de la conferencia anterior. No te lo pierdas, se titula “Innovation and the UK’s knowledge economy” y es el discurso que llevo tiempo esperando escuchar aquí. No pierdo la esperanza, aunque a veces lo ponen difícil…

Navegando el devenir profesional (6 de 10) / Be Open

En el Siglo XXI vamos a asisitir a grandes cambios en el modelo económico dominante. Pero son cambios que vendrán despacio, y por eso es importante estar atentos y no equivocarse.

Porque uno se puede equivocar de dos maneras: pensando que el capitalismo global va a durar siempre, o pensando que se va a venir abajo en un par de años, con un 15M o con una revolución de mayo. Y no será ni una cosa ni otra, los cambios de un modelo precisan tiempo y el trabajo de muchos, aunque luego los historiadores suelen sacar la foto de un día simbólico, de un pensador, de un libro, y es que a las personas nos gusta pensar que la realidad es simple (hemos sido educados en ello, otro día os hablo de la complejidad).

Y también se puede equivocar uno abrazando todas las nuevas modas a la vez: economía del bien común, economía circular, economía directa, economía/empresa abierta, economía del decrecimiento, comunidades de transición… Todos estos nuevos modelos y teorías encierran una parte de luz, una parte de razón, y yo recomiendo estar leído de todos ellos, y aprovechar charlas o conferencias para escuchar a los que los impulsan.

Pero también recomiendo ser prudente, ya decía Arizmendiarrieta que “Ideas buenas son las que se convierten en realidades.“, y ya hemos visto que ideas aparentemente brillantes luego, cuando hay que aterrizarlas, se enfrentan a la tozuda realidad, a cómo somos las personas, qué es lo que nos mueve… Utopía siempre, pero con los dos pies en el suelo.

Mi utopía favorita es la de la economía abierta, veo mucha luz en ese nuevo modelo, que hunde sus raíces en la transición hacia una economía del conocimiento. Pasar del “eres lo que tienes” a “eres lo que compartes“. Porque el conocimiento (a diferencia del capital) no lo pierdes cuando se lo das a otras personas, sino que muy al contrario, lo enriqueces.

Y sin embargo hemos sido educados en un modelo cerrado. Clases con la puerta cerrada, “cerrar un trato”, “cierra la puerta que tenemos que hablar de algo importante”, empresas con tornos y sistemas de acceso para que no entren “los de fuera”…

Si yo os preguntara si sois personas abiertas, muchos me diríais que sí. Igual vuestra respuesta cambia si os hago esta lista de preguntas:

  • ¿Cada vez que escribes un documento piensas si tendría sentido hacerlo en abierto (Slideshare, Scribd, Googledocs..)? ¿Tienes cuentas en estas redes?¿Las utilizas?
  • ¿Conoces los estándares de “Copyleft“? ¿Los utilizas?
  • ¿Compartes lo que vas encontrando en las redes sociales?¿Dedicas tiempo a hacerlo de manera ordenada, para facilitar a tus segudores que encuentren lo que les puede interesar más?¿Indexas?¿Escribes tus ideas y las pones a disposición de los demás?
  • ¿Dedicas tiempo todas las semanas a compartir conocimiento?¿Conversas, escuchas, compartes tus reflexiones? ¿Qué porcentaje de tu tiempo?
  • ¿Sabes si la empresa para la que trabajas es propietaria de las ideas que produces, o si el propietario eres tú? (no puedes compartir lo que no es tuyo…) ¿Has firmado un papel al entrar a trabajar en el que cedías la propiedad de todo lo que produjeses a tu empresa? ¿Te parecen cuestiones relevantes?

La lista seguiría, pero creo que ya me has cogido la idea. Vienen tiempos de puertas y ventanas abiertas, vienen tiempos de compartir, y serán de personas que hayan aprendido a hacerlo. Si te quedan dudas, fíjate en las personas de menos de 20 años que tengas cerca, las que han crecido en la era de las redes sociales, de Wikipedia, de ídolos youtubers… Comparten por instinto.

Vamos, nunca es tarde, empieza hoy. La primera lección es fácil y muy agradable: vuelve a aprender a conversar, como si tuvieras tiempo para ello.

conversacion

Navegando el devenir profesional (5 de 10) / Oficial de derrota

Voy cruzando el ecuador de esta serie, cuando me ha regañado el osoastur. Con el cariño con el que siempre escribe, es una delicia leer los posts de este joven renacentista, pero el tirón de orejas ha sido serio.

Me viene a recordar que están muy bien todos estos trucos para navegar el devenir profesional, pero que lo primero quizá sea no olvidar que somos personas, y nuestra vida es mucho más que lo que hacemos en esto que llamamos la vida profesional. Touché.

He agradecido mucho el recordatorio, que a veces le acabamos dando a la profesión más importancia de la que tiene, y entonces perdemos la perspectiva, y nos empezamos a ir al garete (que es cuando los barcos quedan a la deriva sin poder elegir el rumbo que quieren seguir, y ni siquiera pueden echar el ancla para fijar su posición). Es un viaje que he visto hacer a algunas personas, y en alguna ocasión cuando me miro al espejo me pregunto si no andaré yo también en ese camino.

Porque a veces ponemos tanta intensidad en nuestros proyectos profesionales, o a buscarlos cuando no los tenemos, que esa misma fuerza nos arrastra, nos hace perder el rumbo. Eso les pasa también a los barcos cuando navegan: una vez que sales del puerto, una cosa es la ruta que trazas sobre el mapa, y otra muy distinta la que la mar te deja dibujar sobre las olas. Esa segunda trayectoria, la que de verdad haces, es lo que en términos náuticos se llama la derrota.

Por eso los capitanes siempre necesitaban a su lado al oficial de derrota. Es el que les avisaba de los peligros del mar, el que era capaz de calcular la desviación de la nave, y corregirla. Cartas náuticas, astrolabios, sextantes, el sol y las estrellas eran sus herramientas… Claro que ahora con el GPS y los satélites hemos perdido la noción de la importacia de llevar a bordo un buen oficial de derrota.

Frank Worsley, calculando la derrota del Endurance. Shackleton eligió bien a su oficial…

Por eso he agradecido el post del osoastur, y te dejo esta semana este consejo que probablemente debiera haber sido el primero: ten siempre a tu lado un buen oficial de derrota. Esas personas que no nos valoran por nuestros éxitos o fracasos profesionales, sino por ser nosotros. Que nos recuerdan lo que buscábamos cuando empezamos este viaje, que nos ayudan a corregir el rumbo. Están en tu familia, en tu cuadrilla, una amiga, un amigo. O igual aparecen de repente en tu vida, con un sextante en la mano. Hazme caso, y no te dejes engañar por los modernos GPSs: mucho mejor un buen oficial de derrota.

Además, cuando lleguen las otras “derrotas” (no las náuticas, sino los revolcones que nos da el devenir profesional, ya hemos hablado de ello) y el resto de “oficiales” abandonen el puente, le reconocerás porque el oficial de derrota se sentará a tu lado, y con paciencia te volverá a enseñar que aunque la mar siempre es traidora, por fortuna, el sol y las estrellas no. No las pierdas de vista.