Las siete vidas del Gatopardo

Giuseppe Tomasi di Lampedusa nos dejó en “Il Gattopardo” un relato de las revueltas sociales que ocurrieron en la Italia de la segunda mitad del Siglo XIX. También una frase que ha llegado a ser más famosa que el propio libro:

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. “¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”. “…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.

Pensaba en el “gatopardismo” cuando leía el último informe semestral que acaba de publicar el Fondo Monetario Internacional en Octubre, que retrata a una babosa (la economía mundial) reptando con decisión hacia el abismo (el título lo resume bien “Coping with High Debt and Sluggish Growth”). En resumen, viene a decirnos que el 2013 vamos a seguir como estamos de mal, o un poco peor. Eso si Europa se aclara con la crisis del Euro (no parece que tienen claro que eso sea probable), y USA se aclara con el “fiscal cliff” (tampoco tiene mucha pinta, salvo que saquen algún conejo de la chistera en el último momento). Sin esos dos milagros, la babosa resbalará y caerá cuesta abajo de una segunda y más profunda recesión. Claro que poner eso en un informe del FMI molestaría a sus consejeros, así que lo dicen sin decirlo, y nos dejan el dato que refleja de verdad cómo va la industria en Europa.

En fin, seguimos todos agarrados a la idea de que lo mismo se produce un gran milagro y el consumo se recupera en unos países desarrollados donde el castigo a las economías familiares va en aumento (¿cómo vamos a animarnos a consumir más con la que está cayendo?), las materias primas se duplican para atender ese consumo (como si fuese a nacer un segundo planeta junto a nosotros…), la industria se recuperará sin un marco de medidas de impulso y reactivación y last but not least, los especuladores dejen de buscar la manera de ordeñar al caracol en que se ha convertido la economía mundial (para eso, teníamos que haber castigado a algún especulador, a ver si el resto cogía el mensaje, tarea que tenemos en la lista de cosas pendientes).

El gatopardismo, como buen felino, goza de mucha salud y tiene muchas vidas, pero me temo que en esta década hasta 2020, las va a ir perdiendo una tras otra, a medida que la babosa resbale una y otra vez recesión abajo… Supongo que es la única forma de que nos demos cuenta de que el modelo ha alcanzado sus límites. Desde luego, no serán los linces del FMI los que nos lo anuncien: seguirán echando la culpa de que sus previsiones no se cumplan a unos y a otros, como hacen en su último informe…

Me comentaban el otro día, charlando de estos temas con otros analistas económicos, que probablemente el futuro nos sorprenderá. Quizá mi querido sistema de Ciencia y Tecnología descubra la forma de “fabricar” ese segundo planeta que necesitamos, o surja una nueva industria que genere los millones de puestos de trabajo que nos vendrían tan bien… Desde luego, eso le podría dar al gato de nuestro sistema económico y social un ovillo de lana con el que jugar unas décadas más.

Tiendo a pensar que no será así. Tiendo a pensar que la muerte habita en la misma mirada del Gatopardo. Su obsesión de que, en el fondo, nada cambie es la que lo matará una y otra vez. Tiendo a pensar, más bien, que las soluciones que necesitamos no habitan en el futuro, sino que están ya ante nuestros ojos, y lo único que necesitamos es una mirada nueva, limpia. Una mirada que no esté condicionada por el delicado equilibrio de intereses que, en última instancia, sostiene este sistema cansado, este gato gordo que hace tiempo olvidó que su dueño es la sociedad…

No, Europa no renacerá del interés de los banqueros alemanes en que los países del sur les paguemos su deuda. La historia nos demuestra que Europa renacerá de nuestras raíces, de nuestra cultura, de nuestros valores, de nuestras vigorosas “ciudades” que una y otra vez han demostrados a los estados y a los imperios el error que cometen cuando dejan de estar al servicio de los ciudadanos. En Europa renaceremos de nuestro conocimiento, de nuestra ciencia y de nuestra tecnología, como siempre lo hemos hecho. Renaceremos desde las personas que defenderemos nuestra libertad y la de nuestras hijas e hijos, de decidir nuestro futuro.

En ese renacimiento tengo yo más interés en ser protagonista, más que en las sucesivas resurrecciones del Gatopardo que nos esperan en los próximos años. Tenemos que cambiar todo pero, esta vez y sin que sirva de precedente, será para que algunas cosas cambien de verdad.

Y tú, ¿qué vas a hacer?

 

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un comentario en “Las siete vidas del Gatopardo”

  1. Javier Alonso says:

17/10/2012 at 4:10 pm

Por alguna extraña razón me ha recordado un libro que fue premio de ensayo en 1983: Del Paro al Ocio (Luis Racionero). En este libro se hablaba de la crisis del paro de los 80’s y propugnaba un cambio, de la necesidad de una revolución para cambiar valores, de un modelo de Cambio Social (un Indignaos! pero más light)… Hablaba de que las sucesivas crisis del siglo XX no son sino una evidencia de que el modelo se ha agotado… Que no nos dejan tener una sociedad postindustrial en el que prevalezca la investigación, el urbanismo, la ecología.
Es curioso como casi treinta (30) años después, estas ideas sigan aún vigentes. Como las de Lampedusa en cierta medida…

http://www.anagrama-ed.es/titulo/A__69

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