Davos, Trump y otros liderazgos

Esta semana se ha celebrado el Foro de Davos, una semana antes de lo previsto porque si no hubiese competido con el año nuevo chino (que en 2017 es el 28 de enero), y el Presidente Xi Jinping hubiese tenido problemas de agenda para asisitir. Paradojas del destino (o quizá no), el cambio de fecha ha servido para que compita con la toma de presidencia de Donald Trump.

Según el horoscopo chino, 2017 es el año del Gallo de Fuego. Muy simbólico que para preparar su llegada, unos cuantos gallos de la economía global se reúnan en Davos, y que todo ello compita con la toma de posesión en Washington de otro “gallo de fuego”… Por supuesto, el tema iba sobre liderazgo “Responsive and Responsible Leadership” (“Cocks on fire” hubiese sido más mediático, pero por algún motivo lo han descartado)

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Por lo demás, pocas novedades. La mayoría de los líderes de Davos creen que la globalización va bien, y que incluso los populismos que lo rechazan (como el de Trump), en el fondo no hacen sino ayudar a que vaya mejor. La inercia del modelo es tan fuerte, y hay tantos intereses que lo soportan, que nada parece tener el poder para hacerlo descarrilar. Únicamente Soros apostó por un 2017 que nos dejará otra tanda de sustos

Todos (salvo Soros) políticamente correctos en sus declaraciones (hay que acabar con la desigualdad y el racismo, hay que luchar contra el cambio climático, hay que trabajar por una globalización más inclusiva, etc., etc.), pero todos (salvo Soros) también evitando criticar en público a Trump (qué dice exactamente lo contrario), para no incurrir en su ira. Larry Summers, uno de los invitados de este año, ha escito en su blog “Desilusionado en Davos“, un post que él mismo resume en la cita de Edmund Burke: “Lo único que necesita el mal para tirunfar, es que las personas buenas no hagan nada

Sobre Europa y su sistema de bienestar, son más pesimistas (en este caso, también Soros). Hacen cuentas con la demografía y el ritmo de creación de riqueza y el resultado es que tendremos que vivir peor (y por el camino, el descontento probablemente romperá la Unión Europea). Lo ha dicho alto y claro el Presidente de JP Morgan, nada menos.

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Le preguntaba esta semana al Decano de la Yale School of Management que nos estuvo visitando en Deusto dónde pensaba que estaba el liderazgo del futuro. Porque no me gustan los nuevos liderazgos de Davos, y menos todavía el de Trump.

Ted Snyder, para responderme, eligió hablarme de una nueva red global de Escuelas de Negocio que está creando. Para desesperación de los profesores de su Escuela, proponía una red en la que Yale no llevase la voz cantante, no “liderase”, no quisiera tener las respuestas a los problemas y retos de la globalización, sino por el contrario escuchase con atención y con respeto las ideas del resto de los miembros de la red, se arriesgase a cambiar cosas en Yale haciendo caso de estas intuiciones, dejara que los alumnos pudieran elegir en cuál de las escuelas de la red querían pasar una semana en el que dan libertad para visitarlas.

Trabajar en red, escuchar al diferente con atención y con respeto, admitir con humildad que no hay respuestas fáciles para este lío que tenemos montado, arriesgarse a experimentar por caminos nuevos, menos discursos políticamente correctos y más acción, aprender de lo que eligen los jóvenes. Con ese liderazgo, sí me quedo…

 

Diecisiete escalones

“- Dígame entonces, Watson, cuántos escalones hay.
– ¿Cuántos? Pues no lo sé.
– ¡Lo que yo le decía! Usted ha visto, pero no se ha fijado.
Pues bien: yo sé que hay diecisiete escalones,
porque los he visto y, al mismo tiempo, me he fijado.”

Escándalo en Bohemia, Sir Arthur Conan Doyle

No te habrás fijado que el 2017 es un número primo, igual que el 17 (este último pertenece también a la serie de números de Fermat, una serie con propiedades muy singulares).

Igual tampoco te habías fijado que este número, cotidiano para Sherlock Holmes, es a la vez maldito para los italianos (como el 13 para nosotros), y poético para los japoneses (que encuentran el ritmo de los haikus en 17 sílabas).

Y probablemente tampoco te habías fijado que 17 es el número de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que se aprobaron hace más de un año por 193 países para conseguir erradicar la pobreza extrema, combatir la desigualdad y la injusticia y solucionar el cambio climático (Donald Trump parece que tampoco se ha debido fijar demasiado, te lo digo por si te hace ilusión tener algo en común con él).

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Si no nos fijamos en estos diecisiete escalones para hacer un mundo mejor, seremos un poco como Watson, pasaremos por esta vida despistados. Ya sé que diecisiete no es un número sencillo de recordar, pero tampoco hace falta que te apuntes a todos, basta con que elijas algunos que sintonicen más con tus preocupaciones.

Yo ya he elegido los míos, te hablaré de ellos este nuevo año, y de libros y de películas y estas cosas que nos pasan. Tú puedes también elegir los tuyos y compartirlos, y así habrá menos gente despistada : )

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De momento, para que el invierno te encuentre con un poco de poesía, te dejo con “Diecisiete haiku” que escribió Borges en “La cifra” (si te gustan, puedes seguir con alguno más que escribió Benedetti).

Algo me han dicho
la tarde y la montaña.
Ya lo he perdido.

La vasta noche
no es ahora otra cosa
que una fragancia.

¿Es o no es
el sueño que olvidé
antes del alba?

Callan las cuerdas.
La música sabía
lo que yo siento.

Hoy no me alegran
los almendros del huerto.
Son tu recuerdo.

Oscuramente
libros, láminas, llaves
siguen mi suerte.

Desde aquel día
no he movido las piezas
en el tablero.

En el desierto
acontece la aurora.
Alguien lo sabe.

La ociosa espada
sueña con sus batallas.
Otro es mi sueño.

El hombre ha muerto.
La barba no lo sabe.
Crecen las uñas.

Esta es la mano
que alguna vez tocaba
tu cabellera.

Bajo el alero
el espejo no copia
más que la luna.

Bajo la luna
la sombra que se alarga
es una sola.

¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

La luna nueva.
Ella también la mira
desde otra puerta.

Lejos un trino.
El ruiseñor no sabe
que te consuela.

La vieja mano
sigue trazando versos
para el olvido.

El Fin del Cuento (5 de 5)

Algunas personas se rieron al ver el cambio en Ebenezer Scrooge,
pero él dejo que se rieran, y no les prestó atención,
porque había adquirido la sabiduría suficiente como para saber,
que nada bueno había pasado nunca en el mundo,
sin provocar al principio las risas de algunas personas
Cuento de Navidad, Charles Dickens

En las Navidades de 1843, Charles Dickens publicó “A Christas Carol”, un relato corto con cinco “estrofas”: una introductoria (1), las visitas de los fantasmas de las navidades pasadas (2), presentes (3) y futuras (4), y la estrofa final “El Fin del Cuento” (5).

Durante ese año, Dickens había sido testigo directo de las penosas condiciones de trabajo de los niños en las minas de estaño de Cornualles, y también de las escuelas de los suburbios londinenses, efectos colaterales de una Revolución Industrial que estaba creando mucha riqueza, pero que la distribuía muy mal. Sentía la necesidad de explicarle a mundo que el camino que estaba tomando era profundamente equivocado, que el afán de lucro de algunos, nos estaba llevando a lugares muy oscuros…

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La Historia nos ha enseñado que corregir aquellos excesos ni fue fácil, ni pacífico, ni se hizo en poco tiempo. Un botón de muestra: todavía en 1891, una ley inglesa que pretendía luchar contra los abusos en la explotación laboral de los niños, se limitó a elevar la edad mínima de trabajo de los 10 a los 11 años… En España se había promulgado una ley similar en 1873, la Ley Benot, pero sus efectos fueron mínimos y fueron precisas varias décadas y leyes más para que empezase a ser efectiva.

Ahora, los niños en los países desarrollados no trabajan en las fábricas  Aunque en otros lugares del mundo, por desgracia, sí, y en muchas ocasiones fabricando productos que acaban precisamente en nuestras baldas. O peor, son reclutados forzosamente como soldados en guerras por el control de materias primas que nosotros alimentamos y armamos…

Hemos mejorado mucho en algunas cosas en siglo y medio, aunque en otras nos queda mucho camino de mejora. Somos seres paradójicos, capaces de lo mejor y de lo peor, así que construimos sociedades que avanzan enfrentándose a esas paradojas. Al final, la suma de nuestras decisiones individuales construye el futuro, y siempre está en nuestras manos construir el mejor o el peor de los futuros…

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Por eso he elegido contarte estas Navidades un Cuento de Navidad. Tres Paradojas en vez de tres Fantasmas (aunque algunas de las estadísticas que os he dejado asustan más, ¿verdad?). Los protagonistas de estas Paradojas somos nosotros y nuestro futuro, aunque ya ves que hay personas en el mundo que no tienen que esperar al futuro para mirar a los ojos del espectro.

Ya conoces el fin del cuento de Dickens: Ebenezer Scrooge recapacita y decide que tiene que ser más generoso, dedicar su vida a construir un mundo más humano. Dejar de explotar a su empleado, darle un empleo más digno, ayudarle a pagar las medicinas para que su hijo pueda curarse… Ya ves, siglo y medio más tarde, seguimos en cosas parecidas…

Ahora nos toca escribir el fin de nuestro cuento. Mi regalo de Reyes es un año lleno de páginas en blanco para escribamos juntos un final que nos guste más que el que apuntan las estadísticas paradójicas. Ya sé que no somos tan tacaños como Ebenezer, pero no te engañes: nos excusamos muchas veces pensando que no somos del “1%” que controlan el poder y la economía. Pero ese sí que es un cuento que nos contamos para acallar nuestra conciencia.

La auténtica verdad que te regalo hoy, es la certeza de que quienes escribimos la Historia somos el 99%, cuando decidimos que hasta aquí ha llegado la marea, y nos arremangamos para empezar a arreglar todo este lío. Empezando por nosotros mismos…

 «Estás encadenado», dijo Scrooge tembloroso. «Cuéntame por qué».

«Arrastro la cadena que en vida me forjé», repuso el fantasma.
«Yo la hice, eslabón a eslabón, yarda a yarda; por mi propia voluntad me la ceñí
y por mi propia voluntad la llevo.

¿Te resulta extraño el modelo?»

Tercera paradoja: Sobre la insostenibilidad del estado de bienestar (4 de 5)

Vaya por delante que soy consciente que este cuarto post de la serie tiene un contenido inevitablemente ideológico, y que es un tema delicado y sujeto a una considerable controversia. Mi ánimo no es manipular, sino aportar mi punto de vista subjetivo en un tema que creo que precisa de un debate sereno que nos permita abordar las necesarias tranformaciones pendientes.

Empiezo por definir a qué me refiero: el estado de bienestar se hace insostenible cuando el sistema económico-social, o no genera suficiente riqueza, o no la reparte de forma adecuada, con el resultado de que una mayoría de personas de un territorio no son capaces de mantener los niveles previos de bienestar y/o de los derechos asociados a una vida digna, y esa tendencia negativa se mantiene en el tiempo.

La complejidad de la definición no ayuda ¿verdad? Hay muchos elementos subjetivos, difíciles de medir. Seguro que otras personas utilizan otras definiciones más válidas, aunque todas acaban en eso de que “nuestros hijos serán la primera generación que vivirá peor que sus padres”.

Os podría aburrir a tablas y estadísticas, aunque para mí la que resume todo es la que recoge la evolución del endeudamiento del sector público (en % del PIB) en todo el mundo en general, y en las economías avanzadas en particular.

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Si la deuda creciese porque los estados estuviesen invirtiendo, ni tan mal. Pero lo cierto es que en los últimos años los países desarrollados han concentrado los recortes en el capítulo de inversiones, mucho menos impopulares que los recortes en gasto (como botón de muestra, el caso de España, como puede verse en este gráfico cortesía de @juanrallo).

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¿Por qué este déficit creciente, y este trasvase público de inversiones a gastos? Porque no generamos suficiente riqueza para pagar el sostenimiento del estado del bienestar, pero nos negamos a afrontarlo y entender qué hay que cambiar para corregir este problema creciente.

Y digo creciente, porque la evolución de la demografía en lo que queda de este Siglo XXI no ayuda nada… Aquí, las últimas proyecciones del INE sobre el porcentaje de población que no cotiza y sí precisa gasto social:

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Y para que quede claro, mi mensaje no es que lo público sea ineficiente, ni que la solución consista en que cada uno se busque la vida como pueda, creo en el papel fundamental de lo público como mecanismo de redistribución y justicia social.

La paradoja es que hemos avanzado en entender en qué tendría que consistir el estado de bienestar, pero estamos retrocediendo en entender cómo podemos sostenerlo…

Y así acaba mi relato de las tres paradojas. Como lo prometido es deuda, el día de Reyes, la solución : )

 

 

Segunda paradoja: El empleo que va desapareciendo (3 de 5)

Ando un poco retrasado en la serie de posts sobre las paradojas que anuncian un futuro diferente. Como quiero llegar a la noche de Reyes con el quinto post, voy avanzando.

La segunda paradoja tiene que ver con el empleo. Estamos acabando el año 2016, y los analistas están optimistas: el 2016 ha cerrado un poco mejor de lo esperado, y el 2017 tiene pinta de parecerse bastante al 2016. La economía está mejorando, y el empleo se está recuperando, aparentemente.

Y digo aparentemente, porque debajo de las estadísticas de empleo, están las cifras reales de las horas trabajadas, y la gráfica con datos del INE que te dejo, habla por si sola: el PIB se recupera en 2016 a niveles pre-crisis, pero las horas trabajadas caen un 12%.

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Esta es la segunda paradoja. Creamos riqueza, pero no creamos empleo. Y el empleo (a tiempo completo, indefinido y con un nivel retributivo aceptable) ha sido la gran máquina de la igualdad. Y esa máquina está siendo inexorablemente reemplazada por otro empleo (a tiempo parcial, temporal, y con menor nivel de retribución). Hace poco se publicaba un artículo bastante completo con muchos datos sobre esta evolución.

Para empeorar las cosas, un empleo así devuelve menos impuestos por rentas del trabajo a la administración (la segunda gran máquina de la igualdad), que se ve forzada a incrementar la presión fiscal. Una serpiente que se muerde la cola.

Y el problema no es que ahora los empresarios sean más perversos que antes, o los sindicatos estén negociando peor, o que la Administración sea más ineficiente.Tampoco es un problema de aquí, está pasando en todos los países desarrollados.

El problema es hasta ahora la máquina funcionaba, y por eso nos empeñamos en seguir la lógica que nos ha valido durante tantas décadas. Esperamos que el 2107 sea mejor, pero los datos que vienen del 14, del 15 y del 16 son tozudos: si no hay sustos crecerá el PIB y el número de empleos, pero la calidad de ese nuevo empleo creado será peor…

¿Vienen tiempos peores? No… vienen tiempos de cambios.

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Feliz año 2017 : )

 

Primera paradoja: el mundo crece, la economía no (2 de 5)

Después de la sibilina introducción en el post anterior, entramos ya en materia.

El Nobel de Economía Robert Fogel explicó en este gráfico de su libro “The Escape from Hunger and Premature Death, 1700-2100: Europe, America, and the Third World” las bases de la prosperidad que el modelo económico actual ha construido en los últimos siglos: crecimiento demográfico y avances tecnológicos que satisfacen nuevas necesidades de esa creciente población, y mejoran sus condiciones de vida, consiguiendo un ritmo de creación de riqueza desconocido en la Historia. Un círculo virtuoso que es posible que consiga este siglo erradicar el hambre y la pobreza extrema de la faz de la tierra.robert-fogel

También hemos aprendido que esa misma prosperidad genera un efecto universal de descenso de la natalidad. A medida que los países acceden a determinados niveles de renta, desciende la media de niños nacidos por mujer. America y Europa están ya estancadas, Asia a punto de alcanzar ese estado, y únicamente África seguirá creciendo fuertemente en población este Siglo XXI, en el que multiplicará por cuatro su población (de 1.000 a 4.000 Millones de personas).

Aunque lo relevante a efectos de crecimiento económico es sobre todo la formación de clases medias, que se crearon el siglo pasado en los países de la OCDE (USA, Europa y Japón), mientras que hasta 2050 le toca el turno a los países emergentes (África tardará unas décadas más).

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Si veis la gráfica, nos esperan décadas de fuerte crecimiento del consumo global derivado de la formación de las clases medias en los gigantes asiáticos.

Si miramos el otro factor de prosperidad propuesto por Fogel (avances tecnológicos que dan lugar a nuevos productos y servicios que satisfacen nuevas necesidades), os basta echar un vistazo al incremento de la inversión en I+D entre 2004 y 2016 para entender la masiva incorporación de nuevas tecnologías que se está produciendo.

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O esta gráfica de Nature, por si te quedaban dudas sobre la “bola amarilla”

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Así que, globalmente, tenemos clases medias formándose en Asia al mayor ritmo de la historia, e inversión en tecnologías creciendo también a un ritmo espectacular. La economía del mundo tendría que ir como un tiro ¿no?

Ahora mira los últimos datos del último informe del Fondo Monetario Internacional sobre la economía global, todas ellas convergiendo hacia el encefalograma plano…

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Y si aterrizas estos datos en los ingresos medios por familia, llegas a la dura conclusión de que las clases medias han iniciado un período de decrecimiento de rentas, después de muchas décadas de progreso ininterrumpido.

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En fin, ya paro de enseñarte gráficas. Necesitaba introducir todos estos datos para dejar la primera paradoja en el aire. Si el mundo crece a más ritmo de lo que hizo en el Siglo XX en personas e ideas ¿por qué la economía global ha entrado en un período de “estancamiento secular”? ¿qué es lo que está fallando?

 

 

Las paradojas que anuncian un futuro diferente (1 de 5)

Ya sabéis que en la Capilla Sixtina, entre santos y profetas, Miguel Angel dibujó a las cinco sibilas más famosas. Tiene su tema colar en el Vaticano a cinco sacerdotisas, a las que el dios Apolo inspiraba para que pudiesen ver el futuro… La rebuscada excusa es que ellas también anunciaron el fin de imperios como el griego o el romano, una condición previa para el advenimiento del nuevo reino…

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Predecir que un imperio de este mundo acabará no tiene riesgo: la Historia nos enseña que todos terminan. Acertar en qué momento terminarán, requiere algo más de habilidad. Aplicando el principio de Copérnico, los científicos han elaborado una fórmula que vincula la probabilidad de acertar y la precisión de una profecía. Este principio tiene aplicaciones tan divertidas como predecir el día del juicio final (que por cierto, también pintó Miguel Angel en la Capilla Sixtina).

Así que predecir que el sistema económico y social imperante (capitalismo global basado en la sociedad del consumo) acabará algún día, no tiene mérito. Acertar cuándo acabará, es un poco más complicado.

Ya os conté que otro científico, Thomas Kuhn, en su libro La Estructura de las Revoluciones Científicas, nos dejaba una pista muy relevante: cuando se empiezan a acumular anomalías o paradojas que no tienen explicación dentro del paradigma imperante, es que necesitamos un “nuevo paradigma”, un nuevo sistema en el que encontremos nuevas explicaciones.

¿Cuáles son las tres paradojas que anuncian el fin de este modelo? En estas semanas de fin de año voy a explicaros las tres paradojas que anuncian el fin del capitalismo global. Os avanzo los titulares:

  • El mundo crece, la economía no: Durante todo el Siglo XX, los motores de la economía han sido el incremento de población (más en particular, el de las clases medias), y la aparición de nuevas tecnologías que abrían camino a nuevos productos y servicios para satisfacer las necesidades de esa población. El Siglo XXI, esos dos motores siguen a pleno rendimiento, y sin embargo la economía mundial ha entrado en la “nueva normalidad” caracterizada por el lento crecimiento de la riqueza mundial ¿por qué?
  • Liberados del empleo, exiliados del consumo. El avance de la tecnología, y en particular de la inteligencia artificial, destruirá millones de puestos de trabajo en todo el mundo, a más ritmo del que somos capaces de crear nuevos empleos (o de nuestra capacidad de adaptarnos a esos cambios). Y sin empleo, no hay salario, y sin salario ¿cómo sobreviviremos en una sociedad en la que “eres lo que consumes”? Y si se deshacen las “clases medias” ¿qué motor tirará de la economía?
  • El sistema insostenible. Esta tercera paradoja está relacionada con las dos anteriores. En Europa hemos conquistado con esfuerzo un “estado del bienestar”: educación, sanidad, pensiones de jubilación… todo al servicio de una vida mejor de las personas. El problema es que el envejecimiento de la población, el lento crecimiento de la economía y la falta de liderazgo para abordar reformas en profundidad del sistema público nos aboca sin remedio a una profunda crisis: no salen las cuentas para pagar el sistema público que sostiene el bienestar. No te digo nada si para solucionar la segunda paradoja, sumamos la Renta de Garantía de Ingresos universal…

Tranquilidad, que este post no va de Apocalipsis, no creo que el Juicio Final se acerque. Es un post de Adviento: pronto necesitaremos un nuevo modelo para entender la economía y la sociedad, que ya está viniendo. Ese será mi regalo en el quinto y último post de la serie, que escribiré el día de los tres Reyes Magos. En estos tiempos modernos, lo mismo al final resulta que eran las cinco Sibilas Griegas : )