Un año de Aula Magna

Ando este fin de semana sin demasiado aire, así que en vez del post habitual, os voy a dejar algunos escritos recientes, que no tenía subidos a la red. Se cumple un añito desde que, en Mayo de 2015, empecé a escribir quincenalmente en Empresa XXI, en la sección Aula Magna.

Así que te dejo aquí un link a los textos publicados, empezando por el más reciente. A partir de ahora los iré subiendo a medida que se vayan publicando.

La empresa, portadora del fuego

El Nobel Milton Friedman (1912-2006) nació en Nueva York, y también una parte de su vida universitaria está asociada a la neoyorkina Universidad de Columbia, donde se doctoró y fue posteriormente profesor visitante (aunque fue en la Universidad de Chicago en la que desarrolló la mayor parte de su carrera académica).

Probablemente la brillante transformación de la que fue testigo en Manhattan, el espectacular desarrollo de la capital de la globalización y el libre mercado en el Siglo XX, influyó en su visión sobre la economía y la empresa. Ya conocerás su famoso artículo en el New York Times en 1970, en la que defendió que la responsabilidad social de la empresa consistía exclusivamente en incrementar su beneficio y la retribución a los accionistas. Y que, por lo tanto, no debería distraerse con otros fines supuestamente sociales o filantrópicos.

Paseando entre los edificios del Rockefeller Center, se pararía delante de la estatua de Prometeo llevando el fuego, rodeado de las banderas de todos los estados del mundo, y leería la cita de Esquilo que la acompaña “Prometeo, maestro en todas las artes, trajo el fuego y enseñó a los mortales un medio para fines poderosos“.

PrometeoPara Friedman, ese fuego poderoso era la empresa operando en un mercado libre, y esa visión ha sido muy influyente, ha llegado a ser en muchos sentidos hegemónica. Hemos reducido a la empresa (y por extensión, la economía), a ese objetivo de retribuir al capital, y de esos lodos estos barros de desigualdad que nos van rompiendo.

No comparto yo esa mirada de Friedman, prefiero seguir caminando un ratillo hasta el East River y llegarme a otro sitio lleno de banderas, la sede de las Naciones Unidas. Allí está la sede del Global Compact, una iniciativa para implicar a empresa, sindicatos y ciudadanos en los objetivos de desarrollo global (que ya te comenté que hasta 2030 han sido concretados en 17 objetivos ¿todavía no te los sabes? ¿en qué mundo vives?).

Me parece a mí que la empresa, como Prometeo, está encadenada por esa visión que la reduce a ganar dinero. Tendrá que venir también Hércules a liberarla, para que pueda por fin traer el verdadero fuego que necesitamos…

Para irle ayudando al héroe, estaré atento este miércoles 20 y jueves 21, en las jornadas “Un nuevo horizonte común: la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, en la que me han pedido que aporte la mirada del sector privado en una de las conversaciones “Los ODS y sus protagonistas”

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¿Vienes y conversamos, o eres más de Friedman y vas a dejar estos temas a las ONGs? Lo mismo Prometeo se desencadena, y te va a pillar a contrapié : )

 

Keynes y Schumpeter, sonriendo juntos

El número de este mes de abril del Fiscal Monitor del Fondo Monetario Internacional, dedica uno de sus Capítulos a las medidas fiscales en apoyo del I+D “Fiscal Policies for Innovation and Growth”. Aporta datos y evidencias sobre lo que venimos diciendo desde hace tiempo, que apoyar el I+D es la inversión más rentable que puede hacer un país…

Los autores se han animado, y para difundir sus conclusiones han publicado un post en el blog del IMF que resume muy bien el contenido del Capítulo.

En el post, recuerdan cómo en las primeras décadas del Siglo XX, los países desarrollados asistían a un período de estancamiento económico tras la gran recesión que muchos confundieron con el fin de la prosperidad ¿te suena la música a familiar, verdad? Sin embargo, en 1930 en su libro “Las posibilidades económicas de nuestros nietos, John Maynard Keynes ataca vigorosamente el pesimismo: “Me atrevo a predecir que el nivel de vida en los países progresistas dentro de 100 años será entre cuatro y ocho veces más alto de lo que es hoy en día”. Lo cierto es que la realidad ha ido dando la razón a Keynes. Si miramos la evolución de Estados Unidos, por ejemplo, vemos que la economía ha crecido en torno a la banda superior de sus predicciones (el gráfico viene del post del FMI).

Fiscal-Innovation-Chart-1La moraleja es que, por muchas incertidumbres y sombras que se acumulen en este momento (esta semana sale el Informe semestral World Economic Outlook del FMI, y ya ha avisado Lagarde que trae más sombras que luces), y por muchos ajustes que sea necesario introducir en el modelo de capitalismo global, la Historia nos enseña que las nuevas ideas traerán nuevas oportunidades. Siempre ha ocurrido así, y nunca como ahora se está invirtiendo globalmente en generar nuevas ideas. Y la Historia también nos enseña que quien invierta con acierto en estas nuevas oportunidades, generará riqueza y prosperidad.

Es de sentido común, pero a veces se nos olvida. Así que hay que sacudirse pesimismos y visiones agoreras, y hay que espabilar. El post acaba con una conclusión contundente, y una pregunta sugerente…

La innovación y el cambio son determinantes cruciales de los niveles de vida y la prosperidad a largo plazo. La I&D, un motor clave de la innovación, responde a los incentivos económicos y a las políticas públicas.

Las investigaciones del FMI demuestran que un poco de apoyo público, bien diseñado, puede rendir mucho fruto. Por ejemplo, se observa que el apoyo fiscal a favor de la I&D, justificado por los efectos indirectos internos, y a un costo de 0,4% del PIB, puede elevar el PIB un 5% a largo plazo. Si se tienen en cuenta los efectos a escala internacional, el costo subiría a 0,5% del PIB, pero los beneficios aumentarían proporcionalmente aún más, a 8%.

Las políticas fiscales inteligentes importan, importan mucho. Los sectores público y privado pueden cooperar entre sí y complementarse para impulsar la innovación y el crecimiento.

¿Se imaginan a Keynes y Schumpeter sonriendo juntos?

Keynes&Schumpeter

El último laberinto

Igual recuerdas la escena de “Una mente maravillosa” (Howard, 2001) cuando Nash pierde una partida de Go (“Es un juego imperfecto” – dice para justificarse).

a-beautiful-mind - go-gameAlgo así habrá pensado el maestro Lee Sedol, uno de los grandes maestros mundiales de este juego, que ha perdido 4 – 1 contra una máquina programada por DeepMind “AlphaGo”, una compañía de inteligencia artificial que Google compró en 2014.

Que las máquinas nos ganen en juegos de estrategia no es una novedad. Que lo hayan hecho en el milenario Go, rompe una barrera que muchos habían pensado que era infranqueable. A pesar de que las reglas de Go son simples, la estrategia para ganar se ha resistido durante décadas a la programación, ya que requiere tomar decisiones en muchas ocasiones contradictorias. Los buenos jugadores te explican que se trata de una cuestión de equilibrio, entre defensa y ataque, entre audacia y prudencia, entre la estrategia del largo plazo y la táctica del corto…(como la vida misma ¿verdad?)

Algo que al parecer las máquinas también pueden aprender cuando se les enseña adecuadamente, con una técnica que se he dado en llamar “deep learning” (“aprendizaje profundo”) y que está sirviendo para reducir dramáticamente la distancia entre hombres y máquinas en procesos en los que hasta ahora éramos imbatibles.

Pronto (este siglo, al parecer) no quedará ninguno de estos procesos en los que los humanos seamos mejores que las máquinas… Borges describió el Go en una poesía escrita en 1978 como “laberintos que ya no exploraré“, aunque luego corrigió él mismo su poesía y lo cambió por “un laberinto que nunca será mío” (para entonces el argentino estaba ya totalmente ciego…).

Al parecer, las máquinas no tienen estos límites, todos nuestros laberintos acabarán siendo los suyos… O quizá sí nos quede uno último, el juego más antiguo, ése en el que las máquinas nunca podrán ganarnos, porque la única condición para jugar es, precisamente, ser humano.

Voy a ver si dedico estos próximos días algo más de tiempo a pasear por este último dédalo, últimamente tengo la sensación de que andamos más perdidos que de costumbre…

La historia interminable

“Aquellos que no pueden recordar el pasado
están condenados a repetirlo.”
George Santayana, La razón en el sentido común, 1905

george-santayanaMe viene de maravilla la cita (que, por cierto, con frecuencia se atribuye de forma incorrecta a Churchill), para introducir el post de esta semana.

Dani Rodrik (también profesor en Harvard, como lo fue Santayana hace un siglo) ha publicado esta semana en Project Syndicate un articulo cargado de sentido común “La política de la ira“, en el que repasa el reciente auge de los populismos y establece el paralelismo con la que vivimos hace un siglo en el período entre las dos Guerras Mundiales.

Me parece que Rodrik hace algo que pocos consiguen en la coyuntura actual de incertidumbre, y es ofrecer un diagnóstico claro de las razones que nos han conducido a esta situación, y también una receta de los posibles remedios. Del diagnóstico y de la receta, me quedo sobre todo con la segunda:

“El atractivo de los populistas es que dan voz a la ira de los excluidos. Ofrecen una grandiosa narrativa y soluciones concretas, aun cuando sean engañosas y, a menudo, peligrosas.

Los políticos dominantes no recuperarán el terreno perdido hasta que también ellos ofrezcan soluciones serias que dejen lugar a la esperanza. Deben dejar de esconderse detrás de la tecnología o la globalización inevitables, estar dispuestos ser audaces y encarar reformas de gran escala que afecten la forma en que funcionan las economías locales y la mundial.”

No puedo estar más de acuerdo, de esta encrucijada de la historia, sólo saldremos por dos caminos. El primero nos conducirá por las soluciones mágicas de los populistas, que la Historia nos dice que siempre han acabado en lugares oscuros.  El segundo por embridar el capitalismo global, una tarea formidable que hay que abordar en paralelo desde lo global y desde lo local.

Otra cita (ésta sí que es de Churchill) me ayuda a terminar el post, quizá con tantos días de lluvia se me esté metiendo la niebla por dentro.

“Cuando la situación era manejable, no se aplicaron las recetas adecuadas.
Y ahora que está completamente fuera de control, aplicamos demasiado tarde los remedios que hubieran servido, aplicados a tiempo.
No hay nada nuevo en la historia. Es tan antiguo como los libros sibilinos.
Es largo y triste el catálogo de experiencias que han sido inservibles para la humanidad, que han confirmado nuestra incapacidad de aprender.
Falta de previsión, falta de voluntad para actuar cuando la acción hubiese sido simple y eficaz, falta de claridad de pensamiento, confusión hasta que llegue la emergencia, hasta que el instinto de conservación golpea su discordante gong…
Estas son las características que constituyen la repetición sin fin de la Historia”
Winston Churchill
Cámara de los Comunes, 2 de Mayo de 1935

Las tres claves del éxito

Amy Cuddy es una profesora de Harvard que ha adquirido cierto reconocimiento por establecer la conexión que existe entre nuestra postura física y nuestra posición mental, y proponer que puede funcionar en las dos direcciones.

Porque ya es sabido que nuestra situación psicológica determina habitualmente nuestros gestos (la timidez y la inseguridad nos lleva a encogernos, y la confianza hace que busquemos instintivamente más espacio con nuestros brazos y piernas). Lo que no es tan conocido, es que podemos también hacer cambiar nuestra mente si adquirimos la disciplina de adoptar gestos o posturas determinados. “Fake it until you make it” o “Finge el sentimiento, hasta que lo sientas de verdad” (Tienes una charla TED muy buena donde lo explica).

En Diciembre ha publicado un libro que, al hilo de estas ideas, determina tres reglas para el éxito (a los americanos les encanta esto de tener éxito utilizando reglas simples). Las tres reglas no parecen complicadas
1. Te crees tu propio relato
2. Demuestras confianza, pero sin arrogancia
3. Lo que dicen tus palabras, y lo que dice tu cuerpo, está sincronizado

Me viene bien la historia para pensar en lo que necesitaríamos como sociedad para salir con soltura de la coyuntura que sigue complicada (los últimos datos del PMI de esta semana no han sido particularmente tranquilizadores, con Francia en números rojos y Europa con los peores datos del último año…).

Markit PMI Feb 2016Lo primero que tendríamos que tener es un relato compartido de lo que nos ocurre, y de lo que tenemos que hacer para cambiarlo. Sin ese relato creible, empezamos mal. Ya decía Ortega “No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa“. Las semana pasada en Shangai los líderes del G20 fueron perfectamente incapaces de generar un relato mínimamente coherente, y se limitaron a constatar que las políticas monetarias que han puesto en marcha no acaban de funcionar… Como en las políticas fiscales no se ponen de acuerdo (a vueltas con el endeudamiento y la austeridad), solo queda el manido recurso a las “reformas estructurales”, que los ciudadanos ya hemos aprendido que consisten en pasarnos la factura para que acabemos pagando nosotros. En conclusión, no hay crónica de Shangai.

Así como el primer punto (creerte tu relato), es la llave para los otros dos (confianza y coherencia), su ausencia trae de la mano la arrogancia y la incoherencia.

¿Qué hacer en esta situación? Desde luego, dejar de esperar que la luz vaya a venir del G20… Si el relato no nos viene construido de arriba a abajo, habrá que construirlo de abajo hacia arriba. Así que busca a personas, a empresas, a instituciones que te ofrezcan un relato creible. Que muestren confianza, pero sin arrogancia. Y que sean coherentes, que sus palabras y sus actos vayan de la mano. Si somos capaces de sumar sus relatos, podremos entonces escribir un relato colectivo de superación y de esperanza.

Y si a veces te puede el pesimismo, y pierdes la confianza en el futuro, entonces recuerda el consejo de la Profesora Cuddy: “Fake it, until you make it” : )

.

PS1.

La semana pasada se me fue sin post, perdonad. Estaba en esto de buscar relatos de muchas personas que fueran creibles, confiados y coherentes : )

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El secreto del mundo

“Las aventuras pueden ser locas,
pero el aventurero debe estar cuerdo”
G.K. Chesterton “El hombre que fue jueves”

Escribe Sabin Azua en el último número de “El Economista” un excelente artículo que ha titulado “El Museo Guggenheim de Bilbao no existiría“. Viene a decir que necesitamos gobiernos que sepan hacer apuestas de futuro. Que sean capaces de asumir riesgo en decisiones audaces que, bien gestionadas, creen valor a largo plazo (como lo fue y es el Guggenheim, que el año que viene cumplirá 20 años).

Con mucho acierto, Sabin no detiene su reflexión en las administraciones públicas, y en sus últimas líneas también dirige nuestra mirada a la sociedad  “La ciudadanía prefiere servidores públicos que sean administradores y no directivos que contribuyan a construir el futuro”.

Estoy este año de aniversarios de varios proyectos en los que participo. Alboan celebraba ayer en Bilbao 20 años de trabajo en Euskadi y Navarra por unir el Norte y el Sur, de compromiso con un mundo más justo, más solidario. El Centro Unesco del País Vasco cumple 25 años de compromiso vasco para que la Ciencia, la Educación y la Cultura estén al servicio de la Humanidad. Deusto Business School cumple 100 años en Bilbao (“La Comercial“) y 60 años en Donosti (“La ESTE“), muchas décadas, muchas generaciones de profesionales formados en valores para poner la empresa y la economía al servicio de la sociedad. Apuestas que merece la pena hacer durar…

3 aniversariosTodos ellos, iniciativas nacidas de la sociedad civil de este pequeño gran País. Personas que se juntaron un día para soñar un futuro diferente, y que dedicaron su tiempo y sus recursos a construir apuestas audaces, pero bien gestionadas (“las aventuras pueden ser locas, pero el aventurero debe estar cuerdo“).

Hace 100 años las instituciones y la sociedad civil de este país supieron mirar al futuro, encararlo. Eusko Ikaskuntza, Euskaltzaindia, tantos talleres y empresas creados en esa década en la que la primera Guerra Mundial sacudió Europa… Hace 40 años fuimos capaces de superar una durísima reconversión industrial, la recuperación de nuestras instituciones.

Nos corresponde la responsabilidad de administrar aquellas apuestas, de hacerlas durar. Pero sobre todo, nos corresponde el honor de mantener la tradición de una sociedad civil y unas instituciones puestas en pie, con la mirada en el futuro, y con las manos en la tarea de construirlo con audacia, con acierto.

Que dentro de varias décadas, estén celebrando los aniversarios de los proyectos que necesitan de nuestra apuesta hoy. Porque en eso consiste vivir, en eso consiste el secreto del mundo: encararlo por enfrente, y no dejar que nunca nos dé la espalda.

¿Quieren ustedes que les diga el secreto del mundo?
Pues el secreto está en que sólo vemos las espaldas del mundo.
Sólo lo vemos por detrás, por eso parece brutal.
Eso no es un árbol, sino las espaldas de un árbol;
aquello no es una nube, sino las espaldas de una nube.
¿No ven ustedes que todo está como volviéndose a otra parte y escondiendo la cara? ¡Si pudiéramos salirle al mundo por enfrente!…
G.K. Chesterton “El hombre que fue jueves”