Desordenada habitación

“No me canso nunca de hablar, porque vivo en el silencio mas total
Diez años antes era igual…”

“Desordenada Habitación” (la cantó primero Nacha Pop,
aunque siempre he preferido la versión de Antonio Vega y Enrique Urquijo)

Este curso 16-17 que empezamos traerá varias efemérides a este blog.

Obama dejará la Casa Blanca (¿recuerdas el primer post “Yes, we can…?“). Le echaré mucho de menos, me tendré que consolar con su gran amigo, el Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau. Dos notables excepciones en un mundo de líderes globales carentes por completo de liderazgo… Y también dos convencidos de que la apuesta por la ciencia y la tecnología es clave para la prosperidad de un país (genial la respuesta de Trudeau cuando un periodista le pregunta en la apertura de un congreso científico si tiene alguna idea de lo que va la computación cuántica…)

Justin & BarackA finales de este curso Innobasque también cumplirá diez añitos. Mis aventuras en las redes sociales empezaron allí, cuando mi trabajo era convencer a esta sociedad que la innovación que viene de la cienca y la tecnología es una de las llaves fundamentales para construir nuestro futuro, la prosperidad de nuestros hijos. Ahora mi trabajo es distinto, pero he conservado esa vocación, que todavía me acompaña (esta misma semana me invitan a Montevideo, al interesantísimo Foro CILAC “Transformando nuestra región: Ciencias, Tecnología e Innovación para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe”).

Desde que empezó este viaje, 300 posts escritos, 300 cartas con remitente pero sin destinatario. Más o menos, las mismas que escribió Unamuno en sus 6 años de destierro… Quizá tendría que sumar aquí las diez que dejé en Ekoberri (en aquel momento las “nuevas economías” no estaban todavía tan de moda…), y las que escribo ahora en Aula Magna y he empezado a escribir en Sintetia.

En estos años, a mi vocación por el I+D, por el conocimiento como clave de prosperidad, se han ido sumando la cultura y la educación, y también el convencimiento de que la prosperidad no basta, si no se reparte con justicia. Y así me he ido interesando en la economía, y en cómo cambiarla, cómo cambiar las personas, las organizaciones, la sociedad…

También me he ido desordenando, la vida se me ha ido enganchando en proyectos y personas que me acompañan en estos viajes. Empiezo este curso necesitando poner un poco de orden en esta desordenada habitación en la que habitan mis ideas. Tratar de recoger todos estos hilos que he ido lanzando al futuro, y ver qué hago con un ovillo lleno de nudos y en el que hay muchos cabos sin atar…

No sé, no soy yo de tener paciencia en ordenar ovillos que se han liado, me va más lo de cortar y empezar de nuevo. Claro que voy teniendo una edad, con las canas debería haber ganado en paciencia, y haber perdido en ganas de nuevas aventuras. Como el Ulises de Tennyson ; )

Iremos viendo, ya te contaré cómo va lo del ovillo, si sigues teniendo la paciencia de leerme. Sea cual sea mi viaje y el tuyo este curso, muchas gracias por tu compañía : )

 

10 pensamientos en “Desordenada habitación

  1. Bueno, lo de ordenar… pues hasta donde haga falta y sin obsesionarse, ¿no? Dejar fluir siempre tiene su encanto. Pasa el tiempo. Ya recuerdo algún consejo de dirección en Innobasque hablando de aquello de la Web 2.0… Fue por 2007 o algo así. Bufff, pasa el tiempo, compañero. A disfrutar, que tenemos la suerte de haber nacido donde hemos nacido 🙂

  2. Amigo Guiller, Me alegro de leerte de nuevo,tras las vacaciones de verano.Espero verte el próximo 12 de septiembre,en la J.D.de D.B.A.Un abrazo.Agustin.

    Enviado desde mi iPad

  3. ¡Qué bien, has vuelto! Contenta de poder seguir leyéndote 🙂
    Lo del ovillo no es tan terrible, al final te acostumbras a vivir con un cierto caos; sabes que las ideas las tienes ahí y que cuando las necesites podrás echar mano de ellas; no se sabe muy bien cómo, pero asoman cuando las llamamos 🙂 Tenerlo todo bien ordenado es muy “cartesiano”, pero se puede encontrar un término medio entre lo sistemático y lo creativo. Y si no, que se lo pregunten a tus amigos del Renacimiento… 🙂

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