Tres principios básicos de la Política Industrial

Es curioso y divertido cómo unas cosas nos llevan a otras. Buscando de forma distraída alguna referencia de “Design Thinking” (por cierto, gente muy interesante anda detrás de la misma pista), he llegado a un blog dedicado al diseño que recogía en un post uno de los carteles que  Sir Paul Smith había preparado para la película que se estrenará por aquí en Diciembre “Tinker, Taylor, Soldier, Spy” (Alfredson, 2011)

Juntar cine y ajedrez es suficiente para que me detenga un ratillo, ya sabéis. Lo insospechado es que, rebuscando algo más, me he dado de bruces con un artículo de “The Economist” publicado este mes titulado “Tinker, Tailor“, que está dedicado (qué agradable sorpresa) al retorno de la Política Industrial. Ya os he contado que la Política Industrial se está poniendo de moda otra vez. Y no sólo en nuestra vieja Europa, también en Estados Unidos y en todos los países emergentes.

El artículo es un recorta y pega de aquí y de allá, pero una de las referencias que cita me ha parecido muy interesante. Es un post que publicó en Abril de 2010 Dani Rodrick “The Return of Industrial Policy” (un título más evidente que “Tinker, Tailor”, ¿verdad?). Dani Rodrick es Profesor de Política Económica Internacional en Harvard, una persona interesante, le seguiré a partir de ahora en su blog y os contaré más cosas de este joven: le preocupan cosas parecidas a las que nos preocupan en Thought in Euskadi.

Los tres principios que propone para una política industrial sana me parecen tan buenos, que los voy a reproducir íntegramente (The Economist traduce bastantes artículos al castellano: no es muy buena traducción, pero sirve).

  • En primer lugar, la política industrial es un estado de ánimo más que una lista de políticas concretas. Los que la aplican con éxito entienden que es más importante crear un clima de colaboración entre el Gobierno y el sector privado que facilitar incentivos financieros. Mediante consejos, foros de desarrollo de proveedores, consejos consultivos en materia de inversión, mesas redondas sectoriales o fondos privados y públicos de capital de riesgo, la colaboración va encaminada a obtener información sobre oportunidades de inversión y cuellos de botella, lo que requiere un gobierno que colabora con el sector privado.
  • En segundo lugar, la política industrial debe recurrir tanto a las zanahorias como a los palos. Dados sus riesgos y el desfase entre sus beneficios sociales y privados, la innovación requiere rentas: rendimientos superiores a los que brindan los mercados competitivos. Ésa es la razón por la que todos los países tienen un sistema de patentes, pero los incentivos permanentes tienen sus costos: pueden aumentar los precios al consumo y acumular recursos en actividades improductivas. Ésa es la razón por la que las patentes tienen un plazo de expiración. Se debe aplicar el mismo principio a todas las medidas gubernamentales en pro de la creación de nuevas industrias. Los incentivos gubernamentales deben ser temporales y estar basados en los resultados.
  • En tercer lugar, quienes aplican la política industrial deben tener presente que va encaminada a servir a la sociedad en general, no a los burócratas que la administran ni a las empresas que reciben incentivos. Como protección contra el abuso y la acaparación, se debe aplicar la política industrial de forma transparente y responsable y sus procesos deben admitir a nuevos concurrentes, además de los establecidos.

El artículo en The Economist, lo resume muy acertadamente: el éxito de las políticas industriales depende, en última instancia, de los valores de las personas que están al frente de las mismas. Hace falta coraje para desconectar la respiración artificial de las ayudas públicas y ver morir una industria que ya solo sobrevive gracias a ellas. Hace falta honestidad para soportar las presiones de los poderosos grupos industriales cuando vienen a reclamar su parte de la tarta (quiero recuperar mis impuestos, es justo ¿no?). Hace falta audacia para atreverse a impulsar políticas de innovación que pueden fallar, porque no han sido probadas hasta la fecha. Hace falta humildad, para no olvidar nunca que la Administración hace eso: administrar recursos que pertenecen al conjunto de la Sociedad, no a quien los administra…

En las instituciones vascas que han liderado las políticas de promoción industrial, hemos tenido la fortuna de contar con personas que llevan esos valores en su mirada, y eso ha marcado la diferencia en los treinta años de autogobierno. Que siga siendo así treinta años más, y esta crisis no me dará miedo.

Siempre acabamos en las personas, en sus valores. ¿No ha acabado mal el viaje que seguía la pista de la canción que utilizan en inglés para deshojar las margaritas, verdad?

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