No hemos aprendido nada

Imagina que eres multimillonario. Entonces un abogado de estas firmas que tienen oficinas en la calle más cara de la City londinense o de Manhattan, te ofrece un gran negocio: comprar una emisión de deuda de Argentina, con una rentabilidad muy alta (lógicamente, porque el riesgo de que Argentina no sea capaz de pagar la deuda es bastante alto; la rentabilidad va con el riesgo).

Pero el abogado te explica que hay un seguro que puede cubrir ese riesgo, así que en ningún caso puedes perder: si Argentina paga, obtienes una gran rentabilidad, si Argentina no paga, recibes el seguro. La firma de abogados te cobra un buen precio por esta magnífica operación, pero merece la pena pagarlo, porque en estos chollos el diablo se esconde en la letra pequeña.

Efectivamente, Argentina no puede pagar, y entonces ofrece a sus acreedores un canje: no recuperarán todo su dinero, pero al menos recuperarán una parte. La inmensa mayoría acepta el canje, salvo unos pocos que rechazan el trato ¿Quién puede estar tan loco como para no querer recuperar al menos un porcentaje del dinero invertido…?

Ya sabéis la respuesta: los que tienen un seguro, y un amigo juez. Porque solo lo pueden cobrar si Argentina se declara en suspensión de pagos (un canje no es una suspensión de pagos). Ahí es donde entran en juego los flamantes abogados de la City y justifican sus salarios astronómicos, porque consiguen que un juez del distrito de Manhattan, el muy honorable Thomas Griesa, dicte una sentencia que impide liquidar la operación de canje argentina, hasta que pague el 100% a los que no han aceptado el canje.

Aquí le tenéis a este joven, que ha decidido que no es justo que los que invierten en fondos de alto riesgo puedan perder su dinero: pobrecillos, hasta ahí podíamos llegar.

Thomas GriesaLo malo es que si paga el 100% a esta minoría, el resto de los acreedores pueden reclamar también su 100%, una cantidad que Argentina no puede devolver… El resto de la historia se perderá en estas semanas de calor, con abogados de una y otra parte cobrando cuantiosas minutas. El final ya lo sabemos: la economía argentina sufrirá un serio revés y los fondos buitre se llevarán su premio, sí o sí. Rentabilidad, sin riesgos.

Sin riesgos, y también sin que en toda esta historia nadie haya generado ni un dólar de economía real. Pura especulación, contratos financieros y de cobertura de riesgos que juegan con la estadística y el conocimiento de los entresijos del sistema financiero y jurídico internacional.

Pero podemos estar tranquilos, esto no va a ser como Lehman Brothers. Ya se ha apresurado la presidenta del FMI, Christine Lagarde, a explicar a la prensa económica que los efectos de esta suspensión de pagos solo va a afectar a los argentinos, y no se va a propagar a los mercados internacionales como pasó hace seis años.

Porque en este casino que son las finanzas internacionales, la banca nunca pierde, y tampoco los jugadores profesionales. Los que perdemos somos los ciudadanos de a pie (en este caso, los argentinos), que van a ver su país hundido en un nuevo período de recesión. ¿Os suena esta historia, la de un país que sin saber muy bien por qué se convierte en la comidilla de la comunidad financiera internacional? Tranquilos, que pronto se apresurarán a mandar emisarios del FMI y de la OCDE, a que les expliquen las medidas que tienen que aplicar para salir de esta complicada situación ¿Os suenan esas medidas? Menos mal, esta vez le toca a Argentina…

No hemos aprendido nada, de nada han servido las lecciones de esta crisis. Los mercados financieros internacionales siguen siendo un nido de especuladores, y un gigantesco casino que juega a los dados con el destino de millones de personas.

Mientras tanto, la economía real se está concentrando en un número reducido de países que han entendido que lo de jugar al casino es para los buitres, y están invirtiendo en conocimiento y en cultura. Claro que estas inversiones tienen poca rentabilidad a corto plazo (quizá porque son las más seguras de todas).

Renacer (II)

Había calculado bien las semanas que me quedaban hasta agosto, para acabar la serie “Navegando el Devenir Profesional“, pero no había calculado bien mis fuerzas. Llego siempre a fin de curso con el depósito en reserva, y este mes de Julio he estado muy poco formal con los posts que suelo escribir cada fin de semana. He andado también recuperando y cargando en este blog los 151 posts que escribí en “Thought in Euskadi”, que el mes pasado quedó fuera de circulación.

En fin, que despido hoy el curso, y ya habrá tiempo el que viene de escribir los cuatro posts de la serie, y otros muchos hablando de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación y su contribución a la prosperidad y al empleo.

El año pasado me despedí con “La soledad del corredor del fondo“, y tenía previsto acabar este con un post dedicado a “La soledad de los números primos”. Pero, bien pensado, es mejor acabar el curso con pensamientos positivos, que si no me voy a volver un poco como el Caballero Oscuro y su cruzada contra el mal (por cierto, el comic esta semana cumplía 75 añitos). batman-detective-comics-27-thumb

Precisamente hace dos años me despedía con un post que se titulaba “Renacer“, y con la preciosa película que cierra la trilogía de “El Caballero Oscuro” de Cristopher Nolan. Ya os conté que la última escena despide a Batman renaciendo en el Caffè La Loggia, en la Piazzale Michelangelo en Florencia (excelente elección).

Así que voy a ver si también renazco, me pierdo un poco en las montañas, en los atardeceres y en lecturas estivales, y el curso que viene vuelvo con fuerzas renovadas. Mil gracias por vuestra compañía, nos vemos a la vuelta.

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Bonus Track

Llevaba tiempo sin contaros noticias del Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación. Como sé que tenéis un poco de “mono” os dejo algunas dosis para que aguantéis hasta septiembre : )

The Global Innovation Index 2014 (gracias Asier!), que elaboran cada año INSEAD, WIPO y Cornell University. Establece un ranking de 143 países en 81 indicadores. España pierde un puesto (del 26 al 27).

La interesantísima conferencia que ha organizado Mariana Mazzucato esta semana con el apoyo de Financial Times “Mission-Oriented Finance for Innovation. Rethinking Public & Private Risks and Rewards“. Ideas claras sobre lo que el sector privado y el público deben hacer para devolver la prosperidad a la sociedad.

El todavía más interesante discurso de Vince Cable, Secretario de Estado en UK de Business, Innovation & Skills en el cierre de la conferencia anterior. No te lo pierdas, se titula “Innovation and the UK’s knowledge economy” y es el discurso que llevo tiempo esperando escuchar aquí. No pierdo la esperanza, aunque a veces lo ponen difícil…

Navegando el devenir profesional (6 de 10) / Be Open

En el Siglo XXI vamos a asisitir a grandes cambios en el modelo económico dominante. Pero son cambios que vendrán despacio, y por eso es importante estar atentos y no equivocarse.

Porque uno se puede equivocar de dos maneras: pensando que el capitalismo global va a durar siempre, o pensando que se va a venir abajo en un par de años, con un 15M o con una revolución de mayo. Y no será ni una cosa ni otra, los cambios de un modelo precisan tiempo y el trabajo de muchos, aunque luego los historiadores suelen sacar la foto de un día simbólico, de un pensador, de un libro, y es que a las personas nos gusta pensar que la realidad es simple (hemos sido educados en ello, otro día os hablo de la complejidad).

Y también se puede equivocar uno abrazando todas las nuevas modas a la vez: economía del bien común, economía circular, economía directa, economía/empresa abierta, economía del decrecimiento, comunidades de transición… Todos estos nuevos modelos y teorías encierran una parte de luz, una parte de razón, y yo recomiendo estar leído de todos ellos, y aprovechar charlas o conferencias para escuchar a los que los impulsan.

Pero también recomiendo ser prudente, ya decía Arizmendiarrieta que “Ideas buenas son las que se convierten en realidades.“, y ya hemos visto que ideas aparentemente brillantes luego, cuando hay que aterrizarlas, se enfrentan a la tozuda realidad, a cómo somos las personas, qué es lo que nos mueve… Utopía siempre, pero con los dos pies en el suelo.

Mi utopía favorita es la de la economía abierta, veo mucha luz en ese nuevo modelo, que hunde sus raíces en la transición hacia una economía del conocimiento. Pasar del “eres lo que tienes” a “eres lo que compartes“. Porque el conocimiento (a diferencia del capital) no lo pierdes cuando se lo das a otras personas, sino que muy al contrario, lo enriqueces.

Y sin embargo hemos sido educados en un modelo cerrado. Clases con la puerta cerrada, “cerrar un trato”, “cierra la puerta que tenemos que hablar de algo importante”, empresas con tornos y sistemas de acceso para que no entren “los de fuera”…

Si yo os preguntara si sois personas abiertas, muchos me diríais que sí. Igual vuestra respuesta cambia si os hago esta lista de preguntas:

  • ¿Cada vez que escribes un documento piensas si tendría sentido hacerlo en abierto (Slideshare, Scribd, Googledocs..)? ¿Tienes cuentas en estas redes?¿Las utilizas?
  • ¿Conoces los estándares de “Copyleft“? ¿Los utilizas?
  • ¿Compartes lo que vas encontrando en las redes sociales?¿Dedicas tiempo a hacerlo de manera ordenada, para facilitar a tus segudores que encuentren lo que les puede interesar más?¿Indexas?¿Escribes tus ideas y las pones a disposición de los demás?
  • ¿Dedicas tiempo todas las semanas a compartir conocimiento?¿Conversas, escuchas, compartes tus reflexiones? ¿Qué porcentaje de tu tiempo?
  • ¿Sabes si la empresa para la que trabajas es propietaria de las ideas que produces, o si el propietario eres tú? (no puedes compartir lo que no es tuyo…) ¿Has firmado un papel al entrar a trabajar en el que cedías la propiedad de todo lo que produjeses a tu empresa? ¿Te parecen cuestiones relevantes?

La lista seguiría, pero creo que ya me has cogido la idea. Vienen tiempos de puertas y ventanas abiertas, vienen tiempos de compartir, y serán de personas que hayan aprendido a hacerlo. Si te quedan dudas, fíjate en las personas de menos de 20 años que tengas cerca, las que han crecido en la era de las redes sociales, de Wikipedia, de ídolos youtubers… Comparten por instinto.

Vamos, nunca es tarde, empieza hoy. La primera lección es fácil y muy agradable: vuelve a aprender a conversar, como si tuvieras tiempo para ello.

conversacion

Navegando el devenir profesional (5 de 10) / Oficial de derrota

Voy cruzando el ecuador de esta serie, cuando me ha regañado el osoastur. Con el cariño con el que siempre escribe, es una delicia leer los posts de este joven renacentista, pero el tirón de orejas ha sido serio.

Me viene a recordar que están muy bien todos estos trucos para navegar el devenir profesional, pero que lo primero quizá sea no olvidar que somos personas, y nuestra vida es mucho más que lo que hacemos en esto que llamamos la vida profesional. Touché.

He agradecido mucho el recordatorio, que a veces le acabamos dando a la profesión más importancia de la que tiene, y entonces perdemos la perspectiva, y nos empezamos a ir al garete (que es cuando los barcos quedan a la deriva sin poder elegir el rumbo que quieren seguir, y ni siquiera pueden echar el ancla para fijar su posición). Es un viaje que he visto hacer a algunas personas, y en alguna ocasión cuando me miro al espejo me pregunto si no andaré yo también en ese camino.

Porque a veces ponemos tanta intensidad en nuestros proyectos profesionales, o a buscarlos cuando no los tenemos, que esa misma fuerza nos arrastra, nos hace perder el rumbo. Eso les pasa también a los barcos cuando navegan: una vez que sales del puerto, una cosa es la ruta que trazas sobre el mapa, y otra muy distinta la que la mar te deja dibujar sobre las olas. Esa segunda trayectoria, la que de verdad haces, es lo que en términos náuticos se llama la derrota.

Por eso los capitanes siempre necesitaban a su lado al oficial de derrota. Es el que les avisaba de los peligros del mar, el que era capaz de calcular la desviación de la nave, y corregirla. Cartas náuticas, astrolabios, sextantes, el sol y las estrellas eran sus herramientas… Claro que ahora con el GPS y los satélites hemos perdido la noción de la importacia de llevar a bordo un buen oficial de derrota.

Frank Worsley, calculando la derrota del Endurance. Shackleton eligió bien a su oficial…

Por eso he agradecido el post del osoastur, y te dejo esta semana este consejo que probablemente debiera haber sido el primero: ten siempre a tu lado un buen oficial de derrota. Esas personas que no nos valoran por nuestros éxitos o fracasos profesionales, sino por ser nosotros. Que nos recuerdan lo que buscábamos cuando empezamos este viaje, que nos ayudan a corregir el rumbo. Están en tu familia, en tu cuadrilla, una amiga, un amigo. O igual aparecen de repente en tu vida, con un sextante en la mano. Hazme caso, y no te dejes engañar por los modernos GPSs: mucho mejor un buen oficial de derrota.

Además, cuando lleguen las otras “derrotas” (no las náuticas, sino los revolcones que nos da el devenir profesional, ya hemos hablado de ello) y el resto de “oficiales” abandonen el puente, le reconocerás porque el oficial de derrota se sentará a tu lado, y con paciencia te volverá a enseñar que aunque la mar siempre es traidora, por fortuna, el sol y las estrellas no. No las pierdas de vista.

Navegando el devenir profesional (4 de 10) / Think Future

“La vida es una serie de colisiones con el futuro;
no es una suma de lo que hemos sido,
sino de lo que anhelamos ser.
José Ortega y Gasset

Ya os dejé escrito hace tiempo lo del “Curriculum al Revés”: educar la mirada para ver, en las personas y en los proyectos, el futuro que tienen por delante, mejor que su trayectoria pasada. Por eso entre otras cosas, disfruto tanto de mi trabajo en la Universidad, hay jóvenes que llevan en la mirada un futuro espectacular, aunque ellos todavía no lo saben. Mucho mejor dedicarles tiempo y atención a estas nuevas generaciones, que a las personas que solemos considerar importantes por sus logros pasados, pero que en el futuro poco les queda ya por hacer.

Mirar al pasado siempre es una tentación. Si hemos sido capaces de llegar hasta aquí, eso querrá decir algo ¿no? A medida que vamos teniendo más edad, sobre todo si la suerte nos favorece en nuestro desarrollo profesional, la tentación se hace más grande, y podemos llegar a pensar que tenemos derecho a un futuro determinado, porque en el pasado hemos hecho los méritos adecuados.

Los buenos marinos, saben que la mar siempre es diferente. Los buenos montañeros, saben que la montaña siempre es distinta. No importa cuántas veces hayas hecho una ruta, no importa lo experto que seas, lo único cierto es que cada día es nuevo, y que ni la mar ni la montaña perdonan la arrogancia de quien se cree más fuerte o más sabio que ellas.

Algo así ocurre en el devenir profesional, y por eso es importante aprender a mirar hacia delante con humildad, con interés, con una mirada limpia, distinta, porque si algo sabemos, es que el futuro es siempre diferente, siempre nos sorprende.

¿Cómo se aprende a vivir mirando al futuro, ese lugar casi siempre incierto y envuelto en la niebla, ahora que el Oráculo de Delfos anda en ruinas?

Oraculo de DelfosUn buen consejo es procurar viajar ligero de equipaje: cuantas más cosas, ideas o certezas lleves en la mochila, menos sitio tendrás para dar cabida a lo nuevo.

Otro buen consejo es interesarse por los ejercicios de prospectiva, de análisis escenarios. Nunca sabemos qué ocurrirá, pero siempre podemos trazar trayectorias posibles, asignarles probabilidades, ir corrigiendo esas estimaciones a medida que tenemos más información (la estrategia emergente de Indiana Jones, ya os acordáis). ¿Qué profesiones trae el futuro, qué nuevos sectores? ¿Cómo se van a transformar los actuales…?

Aunque lo principal es adquirir esta conciencia de que el futuro es nuestra verdadera patria, el lugar al que pertenecerá el resto de nuestra vida, y que ese futuro nos hace el maravilloso regalo de cada día, cada momento, en el que todo es nuevo, en el que podemos cambiar todas las cosas. La ilusión en la mirada, la esperanza, es lo que diferencia a los habitantes del futuro, a los que han decidido hacer del pasado su hogar.

Un día se acabarán los regalos, así que aprende a aceptarlos y disfrutarlos mientras duren. Te dejo con un precioso verso de “El jardinero” de Tagore, ya te lo dejé también una vez. Me empiezo a repetir, está claro que tengo que vaciar la mochila : )

Nadie es eterno, hermano, y nada pervive. Recuerda esto, y alégrate.

No es nuestra vida la sola carga añosa, nuestro sendero no es el único camino largo.
Ningún poeta tiene el deber de cantar la antigua canción.
La flor se marchita y muere; pero el que la lleva no ha de llorarla siempre…
Hermano, recuerda esto, y alégrate.

Llegará un silencio absoluto y la música será, entonces, perfecta.
Decae la vida hacia poniente para ahogarse en sombras doradas.
El amor ha de ser llamado de su juego, a que beba penas y suba al cielo de los llantos…
Hermano, recuerda esto, y alégrate.

Cojamos, volando, nuestras flores, no las robe el viento pasajero.
Nuestra sangre se enciende y se avivan nuestros ojos
robando besos que se mustiarían si los olvidáramos.
Avidez es nuestra vida y pujanza nuestro deseo,
porque el tiempo está tocando a muerto.
Hermano, recuerda esto, y alégrate.

No podemos, en un punto, abrazar las cosas,
hacerlas pedazos y echarlas al polvo.
Las horas pasan lijeras, con los sueños bajo el manto.
La vida, sin fin para el trabajo y el hastío, sólo nos da un día para el amor.
Hermano, recuerda esto, y alégrate.

La belleza nos es dulce
porque el ritmo voluble de su danza es el de nuestras vidas.
La sabiduría nos es cara porque no tenemos tiempo de completarla.
En lo eterno todo está hecho y concluido,
pero las flores de la ilusión terrena son eternamente frescas, gracias a la muerte.
Hermano, recuerda esto, y alégrate.

Navegando el devenir profesional (3 de 10) / Think Portofolio.

Si leiste el último post, de la curva sigmoidea, probablemente habrás pensado que era un consejo un poco teórico, porque no es tan sencillo pasar de un proyecto a otro. Sobre todo, si empiezas a buscarlo en este momento, porque identificar un proyecto y un equipo de personas en el que puedas encajar lleva su tiempo.

Charles Handy también reflexionó sobre estas cosas, y dejo dos consejos muy valiosos, uno para las personas, y otro para las organizaciones. Vamos hoy con el primero, el dirigido a las personas.

Nos propone que dejemos de pensar en la carrera profesional como una sucesión líneal de puestos (uno detrás de otro), y la veamos como varias líneas que van en paralelo (o cruzándose), cada una con proyectos diferentes. Un portafolio de proyectos. Pueden estar dentro de tu organización, o pueden también estar fuera.

Está claro que en cada momento, habrá proyectos que exijan más dedicación (por que lo diga el contrato o porque sientas una mayor implicación emocional con ese proyecto). Pero también está claro que no es sencillo que encuentres un proyecto que te llene por completo, toda tu vida. Y en los huecos, queda siempre sitio para atender otros proyectos, para apoyarlos, para implicarte en ellos de una u otra forma, retribuida o no, con la dedicación que puedas prestarles.

No pienses que te estoy animando a ser infiel o descuidado con tu trabajo actual, eso sería un mal consejo: un buen profesional siempre se caracteriza por el compromiso. Lo que te sugiero es que te veas a ti mismo, y trates de que los demás te vean también, como una persona con más inquietudes, con más horizontes, con redes de relaciones distintas. Probablemente puedas aportar más en cada sitio, si llevas contigo miradas de otros proyectos, historias de otros lugares. Personas abiertas serán quienes construyan empresas abiertas ¿quién si no?

Un poco paradójico, este consejo, ya lo sé. Repartir el compromiso siempre es un tema delicado, y también cansado. Las organizaciones no están acostumbradas a ese modelo de relación con las personas, venimos de una cultura del control y nos desorienta que haya personas que pertenezcan a varios mundos, se les controla peor…

Pero si Einstein se hubiese dedicado en exclusiva a la oficina de patentes, o Edison a su puesto de vendedor de periódicos o telegrafista, hubiésemos perdido bastante,,, Lewis Carroll era profesor de matemáticas en Oxford, pero también un escritor genial (y un gran fotógrafo). Mi favorito, Leonardo Da Vinci era un volcán de proyectos, todos en paralelo, de unos sacaba grandes ideas para los otros.

30236-Leonardo.Da.Vinci..Seguro que, sin ir tan lejos, conoces personas que compatibilizan varios proyectos… Aunque, muchas veces, separamos esas actividades de nuestra vida profesional. La cultura dominante es: consigue un empleo para llenar tu cuenta corriente, y consume (perdón, “disfruta”, quería decir), el resto del tiempo.

Te animo a ponerte otras gafas, empieza a mirar tu vida de otra manera, dibuja tu portafolio, seguro que hay más valor del que me imaginas… Así es más sencillo pensar en la curva sigmoidea ¿verdad? Cuando se cierre una línea del portafolio, el resto de líneas seguirán abiertas. Seguro que habrá que hacer ajustes, buscar como obtener nuevos ingresos, pero si aportas valor en los proyectos en los que te implicas, no será tan complicado.

Navegando el devenir profesional (2 de 10) / Live Die Repeat

Ayer me escapé a ver “Al filo del mañana” (Liman, 2014), una historia en la que al protagonista, cada vez que muere, se despierta en la mañana del día anterior. Todo es igual, menos él, que puede aprender de lo que le ha pasado en todos los días anteriores, y cambiar sus decisiones. También puede reiniciar el día siempre que quiera, le basta con elegir morir ( aunque los aliens o su compañera le ayudan casi siempre en esta decisión).

edge of tomorrowAlgo así ocurre en la vida profesional, en la que inevitablemente nos enfrentamos a proyectos que empiezan y terminan. Ya sea dentro de la misma empresa, o en diferentes empresas, lo cierto es que cada vez quedan menos puestos (si queda alguno), en el que la vida del proyecto coincida con nuestra vida profesional. Los puestos se vacían de contenido, los proyectos terminan, los contratos quedan interrumpidos, cada vez más rápidamente… y nos despertamos a un mundo en el que tenemos que volver a empezar. Lo único diferente somos nosotros, lo que hemos aprendido.

Charles Handy (os hablaré de este joven más veces en esta serie), lo describió en su magnífico libro “La edad de la paradoja: Dar sentido al futuro” como la “curva sigmoidea”, probablemente conozcas esta teoría. Todos nuestros proyectos profesionales tienen una curva ascendente, y luego una curva descendente.

curva sigmoideaEl arte consiste para Handy en saltar al siguiente proyecto, antes que la curva descendente haya terminado, y te hayas quedado sin ningún contenido. Elegir un proyecto nuevo, antes (A) de llegar al punto en que el proyecto anterior haya decidido que tú ya no sirves para nada (B).

sigmoid jumpNo es sencillo tomar la decisión de morir para reiniciar, siempre hay un punto de dolor cuando dejas un proyecto. Siempre hay un punto de riesgo, de vacío, en el momento en que sueltas un trapecio, antes de estar asido al otro. Siempre hay un momento de caos. Nunca el éxito del siguiente proyecto está garantizado, hay curvas tan breves como un suspiro….

Y sin embargo, el consejo de Handy tiene mucho sentido común. Siempre es más fácil saltar cuando tienes impulso ascendente, que cuando has empezado a caer, o te has estrellado del todo.

¿La moraleja de todo ello? Hay que entender esa dinámica, prestar atención sobre todo si los proyectos empiezan a dar señales de agotamiento. Sin duda es arriesgado saltar a otro proyecto en el que todo es nuevo. Debes preguntarte si no es mayor el riesgo el seguir agarrado a un proyecto que te arrastrará en su declive, te enseñará que te has convertido en inservible… Una vez aprendida, es una lección que cuesta desaprender…

Debes también estar atento a las curvas que nacen, y aprender a distinguir las olas buenas, de las olas malas, como un buen surfista que sentado en la tabla espera con paciencia la siguiente ola.

Aunque probablemente lo más difícil no sea tomar la decisión de saltar (muchas veces, como en la película, la toman por nosotros). Lo más difícil es empezar de nuevo, un nuevo día, en el que sabemos que volveremos a recorrer el mismo ciclo, sin que eso nos haga desconfiados, sin que por ello perdamos la esperanza, el sentido. Hay que vivir de nuevo, sabiendo que esta vez lo haremos mejor, porque todo lo vivido antes nos ha hecho más fuertes, más sabios y, deseablemente, más humanos. Vive, muere, repite. Pero, esta vez, lo harás mejor…

El protagonista de “Al filo del mañana” cuenta con la infinita ventaja de encontrar una aliada, que le va acompañando una y otra vez, da sentido a un viaje que de otro modo sería mucho más oscuro. No te voy a contar el final, para que puedas ir a verla, es un peliculón. Cuando veas la última escena, recordarás lo que te decía en el post que inicia esta serie : )

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