Los dos últimos posts del Nobel Michael Spence en Project Syndicate (30 de Agosto «How to fight Secular Stagnation» y 30 de Septiembre «Escaping the New Normal of Weak Growth«), se han centrado en la trampa en la que se ha convertido la «nueva normalidad», el lento crecimiento de la economía mundial.
El que nos dejaba ayer era más oscuro que el anterior, y dibujaba la economía global atrapada en un «equilibrio de Nash» de las políticas monetarias, del que todos saben que deberían escapar, pero del que nadie escapa primero (el primero que sale, es el que más pierde). Es un caso muy estudiado en la Teoría de los Juegos, y solo hay dos salidas: o todos los jugadores se ponen de acuerdo en cambiar sus estrategias a la vez, o uno actúa de manera irracional y rompe con ello el equilibrio…
La hipótesis de un acuerdo global no parece realista, así que nos queda la segunda, que es la que Spence predice al final de su post. Los populismos acabarán sacando partido del malestar de la sociedad capturada en la trampa del bajo crecimiento. Tomarán el poder, y nos sacarán del Equilibrio de Nash, pero probablemente para llevar a sus países a trampas más oscuras todavía (al menos, eso nos dicen los libros de Historia…).
Ulises supo navegar entre los acantilados que ocultaban al monstruo de Escila, y el gigantesco remolino que llevaba directo al no menos peligroso Caribdis. A nosotros nos toca este Siglo XXI un paso parecido, entre la «nueva normalidad» y los «populismos».
Solo hay una forma de salir con bien de este angosto y arriesgado paso, y consiste en conseguir que la sociedad sea capaz de apostar por la irracionalidad de sacrificar el corto plazo por el largo. Eso requiere liderazgo y coraje, y también llevar al debate con la sociedad las decisiones que debemos asumir: políticas del conocimiento y el talento, políticas industriales, repensar el estado del bienestar, apostar por una nueva forma de empresa y de economía.
En el Reino Unido aciertan mucho al poner en el centro del debate la nueva política industrial que necesita su país. Tanto los líderes de la empresa (espectacular el debate de política industrial esta semana en la reunión del «Institute of Directors»), como los líderes sindicales (muy interesante el post de esta semana en el blog del TUC).
Ya sé que aquí tenemos debates más apasionantes, como el de las terceras elecciones, y sus diversas ramificaciones sobre las luchas de poder en uno y otro partido. Una lástima que, distraídos por estos debates, la única duda es si acabaremos devorados por Escila, o por Caribdis….



Si tienes un ratillo y andas por Madrid este miércoles, deja de atender al ruido de los árboles que caen, y acércate a escuchar la conferencia de esta joven que intervendrá en Outthink16.
En el GII 2016 España ha perdido dos puestos (del 26 al 28) respecto al del 2015, algo que pasó mucho más desapercibido que la bajada de dos puestos en el medallero olímpico de Rio de Janeiro 2016 respecto a Londres 2012 (del 23 al 25). Como referencia indicativa China ha escalado este año al puesto 25 del Global Innovation Index (ya nos gana, sí), e India ha escalado 15 posiciones…

Lo han titulado «The European Union’s growing innovation divide» y analiza la evolución del indicador con el que se construye el «Innovation Union Scoreboard» cada año. Los resultados son reveladores, la brecha entre el Norte y el Sur de Europa se está ampliando, particularmente en estos últimos años de crisis económica y consolidación fiscal. Los políticos del sur no dan prioridad en presupuestos a la Ciencia y la Tecnología (en los discursos sí, pero luego llega el momento de la verdad, y este recorte es de los menos dolorosos…).

